LE CROISSANT

En el mítico barrio de Alta Córdoba hay una panadería de más de un siglo de vida que es un tesoro vecinal y que buena parte de los capitalinos lo ignoran. Supo ser lugar de encuentro de los parroquianos y en su esquina se conglomeraban carretas, sulkys y jardineras que también hacían reparto a domicilio, en esa época con menos prisas cuando los deliverys llegaban en cuatro patas. Fue la primer panadería automatizada de la ciudad y justamente su nombre original era “La automática” de los Valdés, luego se llamó San Martín hasta su afrancesado nombre actual.

VIVA PERÚ

Por esas cosas del destino un peruano conoció a un cordobés en su Lima natal y este lo convenció de venirse para estos lares. Lo hicieron en auto y tardaron tres días y medio pero vaya que valió la pena, desembarcó en la Docta y se puso a trabajar en la bacha de un bar que abría su compañero de aventuras. No tardó mucho en pasar a ser el mozo y con su simpatía y carisma hizo que todos los clientes quisieran ser atendidos por él. Esa es la historia resumida de Raúl Norabuena que desde Barrio Jardín enamora con los sabores del altiplano y su ductilidad para ser un gran anfitrión.

DIRÁN

Dirán Arslanian nació en Alepo (Siria) y emigró a nuestro país escapando de la guerra. Tenía una carta de un primo que lo esperaba en Córdoba pero cuando arribó se habían cansado de esperarlo.  A pesar de no saber nada del  idioma, hizo de todo para sobrevivir, arrancó como tornero en una metalúrgica y luego en una lomitería, más que nada en la plancha donde no era necesario comunicarse. “Para los que somos inmigrantes y no sabemos el idioma trabajar en gastronomía era una de las mejores opciones”, dice Dirán.

LOS (EX) EXTREMEÑOS

Por un lado hay que manifestar que desde el mítico restaurante Albeniz hasta acá Alta Gracia siempre ha gozado de excelente gastronomía. Hoy los Zuzulich, el bistró del Alquimista o Chance del Sierras expresan sus opciones también para los paladares negros, pero lugares como la Tratottoria D`oro o Los Extremeños continúan en la senda de los lugares perfectos, abundantes y con relación precio calidad adecuada que no resulta prohibitiva para quién laburando se quiere dar un gusto cada tanto.

RESTAURANTE EL DORADO

El Dorado de afuera parece más una taberna de pueblo y también cumple ese papel porque los fines de semana suele haber shows musicales y ofrecen también las cartas que suelen reclamarse para ese tipo de salidas como lomitería, pizzas, empanadas y sánguches o milanesas, quiénes somos de pueblo jamás vamos a poder explicar porque siempre terminamos exigiendo ese menú y por ahí nos perdimos las perlitas que también están en la superficie.

MAÑOSSO

Así es mañoso, como su nombre lo indica, no es algo que se lee en el primer parpadeo, que se estereotipa de solo un vistazo, tiene sus vericuetos que te irá largando de a poco mientras la astucia de un gran chef y de un equipo de cocina y servicio que están para que encuentres sus mañas y las termines aplaudiendo. Los platos tienen ese no se qué de bodegón pero también el riesgo de una técnica estudiada, es una justa combinación entre lo que la herejía puede provocar la heterodoxia pero sin caer en el snobismo ni en el emplatado para la foto. Acá todo está al servicio del sabor y las porciones obran en consecuencia sin dejarte con las ganas de ese beso a la mitad que otros supuestos ilustres profesan. Ahora sí, a los bifes.

RIBECA BAR

En sánguches, arranco con la opción vegana para no olvidarme después, el de falafel está buenazo: pan de pita, lechuga repollada, tomate asado, hummus de berenjena, salsa tatemada, papas chip caseras acompañado de una salsa (demasiado dip por una nota). Yo recomiendo este que no sólo porque cuesta un tercio en relación a otros, sino porque tiene uno de los fiambres más subvalorados de este país: mortadela, muzzarella, rúcula, cherry pesto de albahaca  y papas bastón.

FRATELLO

Este restaurante incluso merece una visita obligada porque tienen vedette que no se consiguen en otros lares y forman parte de los mejor de la cocina argenta fusionada con otras culturas: las cazuelas

LA PULPERÍA

En Villa Carlos Paz en un lugar con una arquitectura sumamente acogedora, ya que un espacio abierto y semi abierto bellamente decorado, donde la música también es protagonista los fines de semana y cierto aire a bar de siglo XXI pero que no reniega del pasado; se anota también entre los mejores de esta opción gastronómica.

LOS FIORETTI

Los Fioretti es de esos lugares donde los propios dueños son de buen comer y eso hace garantiza que las porciones no te dejen a pata. Más en un pueblo donde el río a escasos metros o el lago cercano abren el apetito más de la cuenta. Lo bueno además que si querés disfrutar de esos paisajes te lo pedís para llevar y armás un picnic de antología para terminar gritando como el querido maestro Alterio: “la pucha que vale la pena estar vivo”.