













Dirección: Av Belgrano 1791, esquina, C. Mar del Plata, X5107 Agua de Oro, Córdoba En tiempos donde lo gourmet muchas veces se disfraza de tendencia

En Río Ceballos, donde el aire baja un poco más fresco al caer la tarde y las sierras dibujan un horizonte sereno, existe un refugio gastronómico que parece detenido en el tiempo. Kupferkessel Restaurante no es solo un lugar para comer: es una escena, un clima, una manera de entender la mesa como ceremonia. Su nombre —“pava de cobre” en alemán— no es un detalle pintoresco sino una declaración de principios. Hay algo en este restaurante que remite a lo doméstico, a lo heredado, a esa cocina donde el fuego no apura y las recetas no se negocian. Desde fines de los años setenta, Kupferkessel sostiene una identidad poco frecuente en la escena serrana: la de una casa de impronta centroeuropea que supo mantenerse fiel a su ADN sin ceder a las modas pasajeras.

En Santa Mónica, ese rincón sereno del Valle de Calamuchita donde el río corre lento y las sierras marcan el pulso de los días, hay un bodegón que parece detenido en el tiempo. La Vaquita no es solo un restaurante: es una experiencia que combina tradición, generosidad y cocina casera como la de antes, esa que se comparte, se comenta y se recuerda. Desde afuera, su estética sencilla ya anticipa lo que vendrá: mesas grandes, ambiente familiar, risas cruzadas entre mesas y ese aroma inconfundible a comida recién hecha que invita a sentarse sin apuro. Aquí no hay platos pequeños ni porciones tímidas: todo está pensado para disfrutar sin culpa y, si hace falta, llevar lo que sobra.

Con un nombre que despierta sonrisas y curiosidad, la Espuma de Sapo es un postre tradicional de la cocina brasileña que nada tiene que ver con anfibios, pero sí mucho con la memoria afectiva, las mesas familiares y las recetas que pasan de generación en generación. Su textura aireada, cremosa y fresca la convierte en una opción ideal para los días de calor o como broche dulce de una comida sencilla. Hoy recuperamos esta joya de la repostería popular y la acompañamos con una versión bien argentina. Más allá de su nombre pintoresco, la Espuma de Sapo es una muestra de cómo la cocina popular transforma ingredientes simples en pequeños placores. Y al sumarle una versión argentina, el postre dialoga con nuestra identidad culinaria, entre la cremosidad del dulce de leche y la frescura de los cítricos. Porque rescatar recetas del pasado también es una forma de contar quiénes somos hoy.

Hay platos que no necesitan presentación, pero sí una reivindicación. La ensalada criolla es uno de ellos: simple, económica, fresca y profundamente argentina. Presente en asados, picadas y mesas familiares, esta combinación de tomate, cebolla y morrón se convierte en protagonista absoluta durante los meses de calor. El sabor del verano argentino en su versión más fresca
Más que una guarnición, la criolla es un ritual: se arma rápido, se comparte, se moja con pan y acompaña todo, desde una carne a la parrilla hasta una milanesa fría o un pescado a la plancha. En verano, se vuelve imprescindible.

Si bien el menú puede variar con el paso de las estacione y ahora en verano todos se vuelven locos por el sánguche de osobuco que viene en pan de ciabatta y lactonesa de pimientos asados, los clientes coinciden en destacar aquellos platos que remiten a la cocina tradicional argentina, bien elaborados y con porciones generosas. Entre los platos y especialidades más mencionados se encuentran la trucha preparada con atención al detalle, las empanadas salteñas y pastas tradicionales, como ravioles y canelones bien recibidos por los comensales. En los postres clásicos, sobresalen el flan casero que muchos recomiendan para cerrar la comida. Además, varias reseñas mencionan una cocina tradicional y bien ejecutada, interpretada como “casera” y “muy buena”.