CHACRA DE LUNA

Dirección: Pedro Patat, C. 140 esquina, X5223 Col. Caroya, Córdoba/Teléfono: 011 2727-6693

En pleno auge de la gastronomía de pasos y en la degustación a través de bocados- muchos de ellos tan pequeños que una mandíbula adiestrada succiona siquiera sin masticar- hay lugares que no caen en las modas ni snobismos y se mantienen a rajatabla en su esencia, en exhibir el DNI sin esconder sus orígenes, en este caso del Friuli italiano.

“Chacra de luna” es más allá de que restorán ya que es Huerta Orgánica, almacén de sus propios productos y hasta jardín de infantes. Es un concepto agroecológico, que si bien es una palabra también de moda -y algunos hacen uso y abuso- en su caso es su forma de ser, la de los colonos que trabajaron la tierra para subsistir y plantaron las vides, sembraron sus almácigos y esperaron con paciencia la cosecha, con una mano en las herramientas y otra en el cielo para que las heladas, las sequías o granizos no hicieran mella en el esfuerzo. También se suscribe en esas ollas cargadas de fruta fusionadas con el azúcar esperando mejorarse en los frascos, en embutidos tras maratónicas jornadas de carneadas y mesadas enharinadas donde las pastas de la Nona llegarán para calmar los espíritus. “Chacra de luna” se agarra de toda su identidad y la ofrece en novedosas opciones.

Tienen la ocurrente opción de ofrecer una fuente de pastas more que incluye todas las pastas que están en la carta. La cocinera nos explica que es muy común que se armen largas mesas familiares y todos piden pastas variadas pero siempre hay los que quieren probar el plato que pidieron los demás, entonces se les ocurrió esa manera de traer para compartir todas las pastas del menú así nadie se queda con las ganas. En una bandeja enlosada de las de antes vienen ravioles de espinaca, ñoquis de batata, sorrentinos de jamón y queso, sorrentinos de calabaza y queso ($7250 para 3 o 4 personas posta) con salsa filetto , crema y queso en hebras. O por supuesto también podés pedir las pastas de modo individual.

En los individuales a los fuegos ofrecen: el matambrito a la piza ($3860), bondiola al disco ($3420) o pechuga de la chacra al romero ($2980), vacio o costilla de ternera al asador ($4420) o pechito de cerdo a la barbacoa ($3750) todos vienen con papas rústicas y ensalada. Pero acá nuevamente se destaca la opción para compartir: la chapita con todos los cortes del asador con polenta grillada, papas rústicas y ensalada ($9250 para 2 o 3 personas) o ($13450 para 4 o 5 personas).

En este reporte arrancamos por lo principal pero no debemos pasar por alto, ya que estamos en la colonia, de probar las tablas friulinas, por ejemplo, la “luna cautiva” trae salames, quesos, focaccia, olivas y rúcula ($3950 para dos), “luna llena” ($4520 se le agrega jamón crudo y puede ser para 3) o la per tutti ($4980 para 4 y con provolone, Holanda, tomate asado).  También en las entradas hay bastones de la clásica polenta blanca con pomodoro ($1200)  o bruscetta con jamón crudo ($1220). Pero no te podés ir sin probar las empanadas de matambre ($480) que prepara Mónica porque su fama ya traspasó las fronteras.

El mozo que nos atiende, que además en la semana es el agricultor de la huerta, nos cuenta que llevar a la mesa todo lo que siembran le agrega un plus en el sabor. Que muchos visitantes le dicen que lo que están comiendo los retrotrae a la infancia, a ese sabor que ya quedó en el inconsciente pero con los multiprocesados lo extraviamos en el presente.  En la carta de vinos por supuesto hay grandes exponentes caroyenses como el Socavones de Terra Camiare ($3960) o los que se envasan con uvas del lugar llamado Stope ($3200 el tinto o $2950 el chardonnay, viognier y semillón). En los postres por supuestos los higos o frutos en almíbar ($1350) o budín de pan ($750), entre otros.

El mozo que nos atiende, que además en la semana es el agricultor de la huerta, nos cuenta que llevar a la mesa todo lo que siembran le agrega un plus en el sabor.

Se come bien , las porciones son abundantes, ya dijimos que el sabor es genuino, la atención es muy buena y, acá lo más importante, el entorno: podés comer afuera como emulando una campiña italiana o en el amplio salón que es a la vez museo de maquinarias antiquísimas de los comienzos de la colonia. En el parque si vas con niños o mascotas van a tener campo abierto para que la sobremesa se extensa. Diego el mozo, dice que hay tardes que ellos se van a descansar un rato y la gente sigue disfrutando en el lugar. Que de eso se trata, de hacer cada comida una celebración que sea tan gratificante que detenga el tiempo.

 

 

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