DIRÁN

Si uno busca un lugar de cocina armenia típica este restaurante familiar es el ideal. Cada uno de los platos tiene un sabor particular, no se parecen entre sí. Vas a encontrar un Shawarma que te parecerá el mejor que hayas probado.
PANADERÍA EL SOL

Otro de sus productos estrella son los “criollitos”, una colación que acompaña en general a los mates y el café, pero que también se degusta a toda hora incluso como suplemento del pan. Es un producto fuertemente arraigado en toda la provincia y diferente a las adaptaciones que hay en otras partes del país, donde lleva menos hojaldre y grasa o manteca.
LA COSTANERA

Al igual que otra firma clásica como Chammas cuya pastelera inventó la colación, esos bocados de dulce de leche con glaseado arriba también son de la partida. Incluso siguen ofreciendo el chatre que fue el antecesor de las colaciones y solamente se lo consigue en la región norteña de Córdoba y del país al cuidado de sólo un puñado de artesanas.
LA CASA DEL FRIULI

La guarnición más común es la llamada “Lidric con cicines”, que no es otra que la achicoria cortada bien chiquita, casi picada y decorada con dados de panceta previamente dorados en sartén. Otra entrada infaltable es el famoso “frico”, para mí humilde opinión, una versión mejorada de la tortilla que también nació de la necesidad de aprovechar todos los alimentos y no tirar nada.
CARLOS EL POBRE

A esas dos recetas que la mami le legó, Carlos le sigue poniendo todo el empeño, a las milas las empana él todas las mañanas con ajo y perejil fresco recién cortado. Nada de provenzal o condimentos a hidratar. La milanesa simple que sirven son dos de considerable tamaño que de pepe entran en el plato. Vienen con papas fritas y dos huevos. La opción XL ya no entra en ninguna vajilla y es para compartir.
BODEGÓN DEL SUR

A posteriori, excelente servicio, mozos y mozas que no fingen, que sienten la profesión. Si te cobran cubiertos como en este caso bien lo vale, asimismo como una propina acorde a la atención (eso corre por vuestra cuenta y bolsillo). Y luego la carta que en cada ítem ofrece clásicos que no aparecen en las marquesinas snob, ni en pizarrones con tizas. O si aparecen vienen tan rebuscados que ni se le parecen al orginal.
ATAHONA BISTRO

Además, en este caso el ejecutivo era más que tentador: de entrada una bruschetta mediterránea que estaba perfectamente lograda, en principal: ñoquis con salsa ragú, chop suey de pollo o canelones con salsa rosa. Postre copa helada o flan casero. Extraordinario.
RÍO COSQUÍN

Esta parrilla restaurante apta para estómagos que no se engañan con bocaditos, se demuestra una vez más que no hace falta un chef con cartel o que esté atento a las nuevas tendencias. Acá uno sale a comer y se vuelve contento en la ciudad del folklore y del canto. En la ciudad donde las cosas simples alcanzan su mayor dimensión.
LA EUROPEA

No podés dejar de probar el famoso “pan de azúcar” que son la “vedette” de la panadería. Se hacen los discos de merengue y entre medio de los dos se coloca dulce de leche. Luego, mezclan merengue con crema chantilly y se hace una cúspide. Se añade merengue triturado, en forma de punta. De esta manera queda igual al cerro que cobija a Cosquín, el célebre cerro pan de azúcar de las sierras.
EL ALMACÉN D’OLIVO

El Lugar donde se sirven las auténticas picadas con el mejor salame del país parece un túnel del tiempo: un mostrador gigante con pizarra para hacer las cuentas, la enorme heladera de madera y la vieja lámpara a kerosén, un boticario que aún custodia frascos con aceite de coco y esencia de limón inglesa (sin abrir), un sello con el nombre del negocio…silenciosos testimonios de tiempos donde el “ramos generales” era eje de la comunidad.