DON FROILÁN

La carta deja en claro esa filosofía desde el primer vistazo. No busca sorprender con nombres extravagantes ni con versiones rebuscadas de recetas clásicas. En cambio, apuesta por una cocina de fuego y de hogar. La parrilla ocupa un lugar importante, con opciones que van desde un generoso bife de chorizo hasta una parrillada individual, además de pollo, supremas y milanesas, siempre acompañadas por papas. Son platos que cualquiera reconoce, pero que encuentran su valor cuando están bien ejecutados.

EL RINCÓN DE JOSÉ LUIS

En Cabalango, a pocos minutos de Villa Carlos Paz, hay un restaurante que parece haber entendido esa lógica. Está apartado del movimiento, rodeado por el paisaje sereno de las sierras, y quien llega hasta allí lo hace casi siempre porque decidió desviarse del camino. El lugar se llama El Rincón de José Luis y detrás de su propuesta hay una historia que comenzó mucho más lejos de Córdoba.

José Luis Delgado vivió durante veintiséis años en España. Allí no sólo conoció otra cultura; también incorporó una manera distinta de entender la gastronomía. Cuando regresó al país y decidió transformar el complejo familiar en un restaurante, no quiso abrir una parrilla más ni repetir una carta que pudiera encontrarse en cualquier rincón de Punilla. Apostó por traer consigo aquello que no ocupaba lugar en las valijas: las recetas, los sabores y la costumbre española de convertir cada comida en una celebración.

NENETTE

Su carta reúne sabores tradicionales y platos abundantes, entre los que se destacan las milanesas a la napolitana, las versiones acompañadas con jamón y huevos a caballo, las empanadas fritas, la bondiola braseada y la cazuela de lomo. Durante las tardes, el ritmo cambia y el café se convierte en refugio para quienes buscan una pausa. Budines, pastafrolas, pastelitos, tostados y tortillas acompañan mates y cafés compartidos, en una escena que parece encajar naturalmente con la tranquilidad del paisaje serrano.

MIO NONINO

La filosofía es simple y contundente: producir localmente, respetar las recetas tradicionales y poner en valor la calidad de los productos regionales. Por eso los embutidos conviven con vinos caseros y otros sabores que forman parte de la identidad gastronómica caroyense. Esa vocación por transmitir conocimientos también se refleja en las visitas que realizan estudiantes de distintos establecimientos educativos. Allí conocen de primera mano cómo se elaboran los salames y descubren que detrás de cada producto existe una historia cultural que merece ser preservada.

LA URRACA

En una antigua mayólica colocada sobre una pared todavía puede leerse una frase que parece resumir el espíritu del lugar: “Se inaugura para siempre el café La Urraca”. Nadie sabe exactamente cuándo fue colocada allí, pero cuando Mary y Donca alquilaron el local decidieron respetarla. El nombre permaneció y con él también parte de la memoria del viejo café que había funcionado en ese mismo espacio durante los años ochenta, junto a la tradicional tienda La Urraca.

Los comienzos fueron austeros. Tanto que buena parte del restaurante se armó con los muebles de la propia casa familiar. Las mesas, lámparas, cuadros y objetos decorativos cruzaron de una vivienda a otra porque no había dinero para grandes inversiones. La única compra importante fue una cocina industrial. Décadas después, esa necesidad terminó convirtiéndose en una de las principales virtudes del lugar.

BERG BRÄU

Dirección: Calle Principal 5194, La Cumbrecita, Córdoba/Teléfono: 03546 43-5661 Hay historias que podrían contarse a través de una receta. En La Cumbrecita, una de ellas comienza con un joven que probó una cerveza artesanal por primera vez y decidió que algún día quería hacer la suya. Lo que entonces parecía apenas un sueño terminó convirtiéndose […]

LA TASCA

Esa filosofía basada en los productos de cercanía encuentra su mejor expresión en la carta. Lejos de los menús interminables, La Tasca trabaja con propuestas que cambian según la temporada y la disponibilidad de ingredientes, manteniendo siempre una cocina honesta, abundante y profundamente ligada al territorio.

Durante los meses más fríos como ahora, el locro a la masa se convierte en uno de los platos más buscados. Un gran acierto de traer el locro de esta manera en una provincia tan locrera faltaba la creatividad para presentarlo de esta manera. También aparecen clásicos como el goulash con spätzle, los ñoquis multicolor elaborados artesanalmente, los sorrentinos caseros y el vacío al malbec acompañado por papas aplastadas.

EDELWEISS

Dirección Lago de los Patos, La Cumbrecita, Córdoba/Teléfono: 03546 48-1194 Hay pueblos donde la gastronomía funciona como un mapa emocional. Lugares donde cada receta guarda una historia y donde cocinar no es solamente alimentar: también es conservar una memoria. En La Cumbrecita, ese legado tiene nombre propio: Liesbeth Mehnert. Y hoy, varias décadas después de […]

BODEGÓN CANTINA

Hay que tener audacia para llamarse Bodegón Cantina”, dicen quienes conocen el peso cultural de esas palabras. Porque detrás de ese nombre viven generaciones enteras de sobremesas, sifones, mozos memoriosos y platos abundantes. Pero este rincón de avenida Duarte Quirós honra el título. No solo por la estética o el clima. También por la forma en que entiende la gastronomía: cercana, generosa y sin vueltas innecesarias.

Acá el lujo no pasa por la sofisticación exagerada. Pasa por un pan casero todavía tibio. Por una salsa picante que acompaña empanadas criollas recién hechas. Por el ruido de los cubiertos contra la loza y las conversaciones que se mezclan con el aroma de cocina.

CASA CARAFFA

En La Cumbre hay esquinas que no son solo esquinas. Son memoria. Son pausa. Son ritual. La de Rivadavia y Caraffa es una de ellas. Desde 1994, esa ochava empezó a latir distinto. La antigua residencia del pintor catamarqueño Emilio A. Caraffa dejó de ser únicamente casa para convertirse en refugio gastronómico. Así nació “Caraffa”, un restaurante que supo construir prestigio a fuego lento: parrilla, mesas largas, risas compartidas y una identidad bien marcada.

Había algo en ese lugar —los helechos gigantes colgando de las arcadas, los juegos de ingenio que iban de mesa en mesa— que lo volvía más que un restaurante. Era un pequeño mundo propio. Un clásico cumbrense. Pero como toda buena historia, esa también tuvo su giro. Una casa que se reinventa sin perder el alma