LA PASTORA

Como sabemos La Calera viene haciendo mucha fuerza para convertirse en polo gastronómico. En la ruta, en el borde de un río, en ese momento exacto en que el hambre deja de ser necesidad y empieza a ser excusa. Ahí, casi como un gesto inevitable del paisaje, aparece La Pastora. No es un restaurante que quiera impresionar. No hay diseño de autor ni pretensión gourmet. Lo que hay —y eso se percibe apenas uno cruza la puerta— es otra cosa: la promesa de una comida que intenta parecerse a la de casa.
Ubicado en el ingreso a La Calera, al costado de la Ruta E55 y junto al puente sobre el río, La Pastora tiene esa lógica de parada serrana: mesas amplias, cierta rusticidad, y una terraza que mira al agua. Durante años, fue uno de esos puntos de encuentro donde la comida es casi una excusa. Un lugar de domingos, de familias largas, de sobremesas sin reloj.