EL CLUB DE LABOULAYE

El buffet es a la buena comida lo que la melodía es a la música, no se pueden separar. Claro que si hilamos fino, sabemos que tanto los científicos como los filósofos ponen en duda todo, algunos crecimos aprehendiendo que el átomo es indivisible y ahora resulta que no, ¿Significa que no se pueden romper o que carecen de estructura interna? Dicen los que saben que en física de partículas no solemos hablar directamente de indivisibilidad sino que hablamos de partículas fundamentales o elementales, bueno entonces el buffet debería ser par siempre de cualquier menú. ¿Por qué? Simplemente porque ofrece la libertad de ir a elegir, de optar entra la lengua a la vinagreta o los porotos, entre la rusa y el vitel, entre el arrollado y una Waldorf. Y lo que es mejor aún, si no querés optar que mejor que un poco de todito eso.
EL CLUB DE LABOULAYE

El club de Laboulaye hace honor además a un nombre que no hay que mancillar, es sabido que hay muchos emprendimientos gastronómicos que llevan el cartel de un nombre tan significativo, pero no todos cumplen con la raigambre popular del derecho a portarlo. Sin embargo, este club viene llevando desde añares (desde 1995) y con mucha hidalguía esta noble misión de agradar al paladar.