PlaceresEncubiertos

BARRILETE CÓSMICO

Nos sumergimos en un estadio de otra galaxia, un epicentro maradoniano donde los sánguches son tan buenos como el mismísimo Diego, es que comer en el lugar tiene ese no sé qué que evoca naturalmente a la nostalgia. Que mientras uno espera lo que ordenó lo hace recordando esas entradas en calor del 10 haciendo malabares interminables, con el pecho inflado, mirando en la cara desafiante a los rivales al tiempo que agarraba la parte superior de su camiseta y besaba su escudo. Nuestro escudo.

La secuencia de la moza trayendo el tremendo sánguche que elegiste a tu mesa lo debería relatar Victor Hugo. Sale de la parrilla una aluciante entrañita, se deja caer entre dos panes abarrotados de una salsita de antología, la abrazan y la completan. Las papas que vienen al lado con la ennegrecida barbacoa se mantienen firmes a su trayectoria, la moza sale de la cocina y esquiva el mostrador, se escapa por la puertita vaivén que la quiere frenar pero no puede. Lo mismo hacen dos sillas que le quieren cerrar el camino pero pierden en el anticipo. Y ahí van, llegando a tu mesa con el mismísimo desparpajo que poseen los que la tienen atada. Los que nacieron glorificados para el balón.

Todo lo que existe de sabores aquí es una obra de arte, es nostálgico y verdadero, se vibra con la comida , es sabroso, accesible y la experiencia no tiene precio. Si bien es chiquito el espacio pero es amplia la porción que en gastronomía el tamaño sí que importa. Además tiene una vista a una de las plazas más lindas de la ciudad. La variedad de sánguches son esas variantes que tenía el Diego cuando atacaba. Para el parrillero que me recibió su preferido es el de colita de cuadril ($1800), ese viene con muzzarella, tomate, salsa criolla y algunas hojas verdades (las suficientes).

Otra opción recomendada es el de bife de chorizo ($2000) que sale con queso gruyere, morrones asado y mayonesa. Tampoco podés dejar de probar la opción de cerdo ($1700) que es una bondiolita con mermelada de cebolla (se carameliza con vino), tomate y mayonesa o el de entraña (rúcula, tomate, cebolla, mayonesa y un toque de chimichurri, $2200).

Por supuesto que hay también de pollo, de chori ( viene con champiñones), para vegetarianos con verduras a la parrilla y de milanga. Todos son acompañados por unas correctas papas fritas. Un punto a favor es el pan, del tipo árabe pero con más miga, más sustancioso y levemente tostado a la parrilla. Y el otro punto es la cantidad, ya que si uno se pide de entrada una de las súper recomendadas empanadas fritas (cortadas a cuchillo y que también son contundentes), el sánguche lo podés compartir porque de lo contrario no te lo terminás (igual te lo podés llevar).

Comer como una gambeta del más grande, con sanguches cuasi pergueñados por la mano de Dios, cortes que te alientan desde una tribuna que rinde un homenaje interminable.

Hay opciones de sánguches, sobresalen como el Burru o Valdano en esa mítica delantera, el de la Bobe que tiene pastrami (carne madurada ricaza) y el de crudo. En los postres tienen nuestro amado vigilante (queso y dulce) o un flan casero legendario ($600).

En épocas donde los manjares son televisados en codificado o influenciados en redes, que se manye como jugaba el 10 es una ceremonia. Comer como una gambeta del más grande, con sanguches cuasi pergueñados por la mano de Dios, cortes que te alientan desde una tribuna que rinde un homenaje interminable. ¿De qué planeta vino la bondiola o el cuadril? Acá no te cortan las piernas ni se les escapa la tortuga. La entrañita no se mancha. El Pelusa decía que “en su infancia únicamente jugaba al fútbol para conseguir un refresco y un sándwich. Eso sí que era un sentimiento puro”.

Ese Pelusa estaría de acuerdo con este lugar que le rinde tributo. Y que la morfen y que la sigan morfando.

 

Salir de la versión móvil