RINCÓN DE LA ESTANCIA

Hay lugares que no se anuncian: se descubren. Como si el paisaje mismo los escondiera a propósito, esperando que alguien llegue sin apuro. En Las Calles, entre caminos que serpentean suaves y el aire parece oler distinto, aparece Rincón de la Estancia. Y no es solo una panadería. Ni solo una casa de té. Es, más bien, una pausa. El edificio tiene 150 años. Y se nota, pero no como desgaste: se nota como historia. Durante décadas fue almacén de ramos generales, de esos donde se mezclaban las conversaciones con el olor a harina y a campo. La familia lo conserva hace 90 años, y hace apenas tres, lo transformó en lo que es hoy.