LINAJE

Después de recorrer las opiniones, mirar la carta y detenerse en esos pequeños detalles que los clientes deciden recordar, aparece una conclusión bastante sencilla: Linaje encontró una identidad propia sin dejar de parecer un lugar al que uno podría volver cualquier domingo. El fuego está, la carne está y las porciones también. Pero la experiencia se completa con esa sensación de mesa compartida, de sobremesa que puede extenderse un rato, de pedir una cosa más porque todavía queda conversación. Está la atención que hace que algunos clientes se acuerden de nombres y una carta suficientemente amplia como para que volver no signifique necesariamente repetir la misma cena. Y está Barrio Jardín, como escenario natural de todo eso.