LA URRACA

En una antigua mayólica colocada sobre una pared todavía puede leerse una frase que parece resumir el espíritu del lugar: “Se inaugura para siempre el café La Urraca”. Nadie sabe exactamente cuándo fue colocada allí, pero cuando Mary y Donca alquilaron el local decidieron respetarla. El nombre permaneció y con él también parte de la memoria del viejo café que había funcionado en ese mismo espacio durante los años ochenta, junto a la tradicional tienda La Urraca.

Los comienzos fueron austeros. Tanto que buena parte del restaurante se armó con los muebles de la propia casa familiar. Las mesas, lámparas, cuadros y objetos decorativos cruzaron de una vivienda a otra porque no había dinero para grandes inversiones. La única compra importante fue una cocina industrial. Décadas después, esa necesidad terminó convirtiéndose en una de las principales virtudes del lugar.