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SABÍA QUE VENÍAS Y PREPARÉ PASTEL

Pueyrredón 681, X5184 Capilla del Monte, Córdoba. Teléfono: 03548 48-2699

Mucho de ustedes ya saben lo importante que son para mí los nombres, apellidos, tanto los propios como los de fantasía, porque de algún modo anticipan o pronostican un devenir. En las profesiones son infinitos los casos donde quienes portan un apellido que se asemeja a un oficio o un producto, poseen altas posibilidades de dedicarse a eso. Y en el caso de los de fantasía, hay que darse tantísimo tiempo a pensarlo bien, ya que el éxito en el emprendimiento tendrá muchísimo que ver con esa elección. Sobrados son los casos donde la creatividad constituye las una de las claves del porvenir. Por lo tanto, si uno se entera que existe un restaurante y pastelería que se llama “Sabía que venías y prepará un pastel”, además de la simple curiosidad que se genera al imaginar la marquesina o simplemente al ver el logo, inmediatamente sabe que se trata de un lugar que deberá visitar en algún momento de su vida. Lógicamente, después hay que estar a la altura de las circunstancias. Y en Capilla del Monte lo superan con creces.

“Sabía que venías y preparé un pastel” eleva a lo más alto de la esfera gastronómica las máximas de cocina de autor y pastelería, ofreciéndolos nada menos que en un solo lugar. Encima en una de las localidades de la provincia emblemática por sus atractivos turísticos. El lugar está comandado por profesionales de antología: Gabriela del Río y Martín Maques. Para entenderlo en términos mediáticos actuales: juntos equivalen a cualquier jurado completo de Master Chef. Sumado a eso que son pareja desde hace 12 años, el componente afectivo le otorga un ingrediente más.

Tal como resumen en su página, Gabriela lleva “la Pastelería en el alma, tiene un sentido de la estética, técnica, creatividad y sabor que hacen de su producto algo realmente único y original”. Se recibió en una de las mejores escuelas de cocina de Latinoamérica, The Bue Trainners, y además de ganar experiencia en el campo profesional trabajando para hoteles como el Faena o el Four Seasons, también lo hizo para grandes chefs de la talla de Juan Pedro de Muru, Dani Godoy y Leandro Varela, trabajando codo a codo en la creación de cartas y propuestas distintivas. Su espíritu aventurero la llevo a recorrer y trabajar en las chocolaterías más importantes de Paris y Barcelona, donde vivió dos intensas temporadas llenas de desafíos y enseñanzas. Como frutilla del postre y valga la obvia analogía, escribió un libro y también enseñó de la mano de Mercedes Keller en la ESH. Desde hace 5 años vuelca todo su conocimiento y experiencia “en esta rica y diferente propuesta”.

En el caso de Martín, su pasión por el arte de la cocina empezó desde muy joven ayudando a su madre en la creación grandes banquetes para agasajar a su gran familia. “Su espíritu inquieto y curioso lo llevo a incursionar en distintas culturas culinaria. Cuando Martín tenía dieciocho años ya sabía que quería ser cocinero. Estudio la carrera de cocinero y se perfeccionó en grandes cocinas, acompañado de grandes chefs tanto de nuestro país como del exterior. Siempre le gustó viajar y descubrir nuevos sabores, estos lo introdujeron en el mundo de las hierbas, especias, carnes, verduras y pescados”. Le encanta la cocina latinoamericana y la criolla, como así también la oriental y la india. Su cocina de autor se basa en la fusión de estos distintivos sabores. Luego fue instructor de cocina en la Escuela Superior de Hotelería y en la escuela de Gastronomía de La Plata y trabajó como sous chef del bistro en el Faena. Justamente en este lugar conoció a Gaby, el hotel abría sus puertas en 2004 y se convertía en referente de Puerto Madero. Dicen que desde que hicieron migas la idea de emprender siempre estuvo presente.  “En el 2007 estábamos decididos a cambiar la ciudad por un nuevo entorno, más relacionado con la naturaleza, el papá de Gaby había adquirido un local comercial en Capilla del Monte y vinimos a conocerlo. Nos encantó de inmediato, el lugar, la gente y por supuesto el desafío. A los dos siempre nos atrajo lo culinario. Del lado de mi familia la gastronomía fue siempre un motivo de reunión, mi mamá es una gran cocinera y ayudarla era algo natural y divertido. Estudié en el IAG y después fui haciendo diferentes stages en hoteles y restaurantes. Luego de trabajar una temporada en el restaurant de Martin Berasategui (indicado uno de los mejores del mundo), volví a Buenos Aires y empecé a trabajar en el Four Seasons. Fueron tres años hasta aceptar el desafío que implicaba la apertura de un hotel como el Faena”, nos cuenta Martín. Mientras que Gabriela supo que elegiría la pastelería desde el primer momento, desde sus primeras pasantías en el hotel Sheraton. Y luego de estudiar la carrera, se especializó en Pastelería y Chocolatería en distintas escuelas de Europa.    

La propuesta del restaurante que es bien elocuente en la exquisitez en su máxima expresión la tuvieron en clara de entrada. “Se trata de mantener una propuesta rica, estética, versátil, y diferente, no obstante hay clásicos que a lo largo de estos 13 años se vuelven imposibles de sacar. Cada temporada tiene sus cambios de carta, tratando de seguir sorprendiendo a quienes nos visitan. El gusto por las diferentes técnicas y productos son importantes para nosotros”, explica Martín. Por ejemplo podés encontrarte con bondiola a la barbacoa, chile de carne, pesca del día (papa rosti, pesca blanca grillada, queso de cabra y ensalada de rúcula) , toda la amplia sanguchería y las delicias de pastelería como torta nougat (bizcochuelo de chocolate con mousse de frambuesa y Nutella) o su cheesecake (cheesecake de chocolate blanco, cardamomo y jengibre más frutos rojos).    

Para la pareja, ser anfitrión significa estar enteramente entregado a dar un servicio de calidad y ofrecer una experiencia gastronómica integral, que no sea únicamente referida a la cocina. “Tiene que ser un momento de felicidad y goce. Las devoluciones que nos dan nuestros comensales, son lo más importante para nosotros, sobre todo aquellas que nos conectan con nuestros sentimientos. Y en este último tiempo pudimos convertirnos en un nexo entre aquellos que no pueden verse por los cambios que nos ha traído la pandemia. Hemos recibido muchas muestras de afecto cuando entregamos un regalo que proviene de alguien que está lejos, pero que encuentra en nosotros un vehículo para llegar a ese ser querido”, dicen.  

“Sabía que venías y preparé un pastel” eleva a lo más alto de la esfera gastronómica las máximas de cocina de autor y pastelería, ofreciéndolos nada menos que en un solo lugar.

Los productos de la zona que más los identifican son el maní, la trucha, el cabrito, la algarroba y las hierbas serranas: “tratamos de ofrecer una porción de esta región a quienes nos visitan. Estoy convencido que la gastronomía cordobesa tiene mucho para ofrecer hay muchas nuevas ofertas en nuestra provincia. Los cordobeses somos orgullosos de nuestro terruño” destaca Martín. Para este dúo culinario, uno de los platos que más los representan son sus sorrentinos de cabrito y dátiles, como así también su budín de algarroba, higos y nuez o la versión de un postre emblemático: el turrón de maní (el famoso mantecol).

Con la Pandemia que modificó hábitos y costumbres y especialmente afectó al sector gastronómico, Maques le encuentra la parte buena: “nos permitió desarrollar otro tipo de ventas, que tiene que ver con el comercio electrónico y las redes sociales. Aprehendimos a vincularnos de otra manera con nuestro entorno, ya que durante muchos meses el turismo estuvo vedado. Creo que quien nos visita sabe de nuestro esfuerzo y compromiso con la calidad de nuestros productos y el servicio que queremos dar”.

Por lo tanto, un lugar de visita obligada si querés saber cómo se come en un restaurante Michelin pero en un bellísimo patio con aire serrano cordobés, encima con y el misticismo del Cerro Uritorco comandando todo el entorno.          

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