RICKY RODRÍGUEZ

Tener un amigo o amiga que se encargue de la parrilla es cuasi un derecho en este país donde el asado constituye parte de nuestro ADN y que nos hace reconocidos en el mundo. Es algo que está tan conectado con nuestra identidad que automáticamente mientras uno anota un nuevo recién crío ahí mismo le informa quién le hará los asados o si será incluso el don que deberá tener el susodicho. Algo de esto último ocurrió con el cordobés, nacido en Dean Funes, Ricardo Ricky Rodríguez, un maestro del asado desde su más tierna edad.

Dicta cursos fuera del país, compite en certámenes internacionales, realiza giras con sus fierros y técnica de asador cuando si fuera músico o actor, genera ferias y posee también un servicio de catering, conocido como Gran Fuego. Sus recetas con el fuego como protagonista son reconocidas e incluso sirven de inspiración para otros influencers (vaya qué palabra extraña).

Al tiempo que se ponen de moda cortes americanos y la pandemia trajo el hábito de los asadores y cocinar a la llama o ahumado pasó a ser un divertimento snob, este laburador de las brasas hace rato que está varios pasos adelantados con respecto al resto. Sus primeros pasos en la gastronomía los dio en Córdoba –ahora está radicado en Rafaela, Santa Fe- al frente de un par de locales. Hace varios años cocinando a las llamas en las sierras, un amigo sacó una foto cuando se venía una tormenta y la misma dio vueltas por todos lados. Esto lo motivó para mostrar lo que hacía y para que lo conozca más gente, a partir de ahí sus redes explotaron y lo fueron convocando de otras ciudades y su nombre empezó a trascender las fronteras.

“Siempre fui muy espontáneo para mostrar las cosas, si bien siempre alguien me ayuda porque en eventos puntuales a veces me desborda el trabajo y no puedo estar pendiente de lo que subo o responder mensajes, antes no cuidaba tanto la imagen pero eso fue pegando, porque subía lo que iba sucediendo y generó empatía porque todo lo que muestro es real, sucede en vivo”, cuenta Ricky que asegura que la adrenalina que vive como considero es totalmente distinta a otras profesiones que realizó. Por ejemplo, en Jesús María llegó a sacar en su puesto entre 4000 a 4500 productos diarios –la docena de empanadas se cuenta como sólo un producto- o un 2000 porciones de locro que se agotaron en tres horas.  Siempre con su compañera al lado en los grandes eventos, Ricky dice que la clave es las personas con las que se rodea. Eso sí, no descuida cada detalla y aprendió a delegar para que un asado para dos mil personas no resulte algo engorroso.

Dicta cursos fuera del país, compite en certámenes internacionales, realiza giras con sus fierros y técnica de asador cuando si fuera músico o actor, genera ferias y posee también un servicio de catering

Con la pandemia al principio debió suspender eventos y viajes, hasta que de a poco volvió a encender los leños y mientras tanto ayudó a la novia en la pastelería y realizó varios productos envasados. Hoy con su simpleza y ganas de evolucionar, se convirtió en uno de los parrilleros estrella pero que a diferencia de otros no pierde sus orígenes humildes ni tampoco su forma y su técnica: simple pero contundente. De esos tipos que uno espera siempre tener entre sus amistades para pedir ese aplauso que de hambrientos que como los choborras y los locos nunca pecan de sinceros, el del gran asador.

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