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PARRILLA SAN ISIDRO DE LUYABA

Dirección: X5875 Luyaba, Córdoba. Teléfono: 02656 47-7428

Sabemos que Quilino es el epicentro caprino de la provincia e incluso le rinde pleitesía con uno de los Festivales más antiguos de la temporada estival. Ahora le podemos agregar un lugar más en el mapa de este producto exquisito: los que proponen en la gran parrilla de Luyaba.

Vale una aclaración, en realidad en este lugar le dicen chivo y aunque se trata de lo mismo -ya que son crías de la cabra- la diferencia con el cabrito radica en que usualmente a este último se lo llama así hasta que dura la etapa de amamantamiento.

La Parrilla San Isidro de Luyaba –mejor buscarla con la denominación completa para no caer en las homónimas de la provincia de Buenos Aires- es auténticamente una oda a unos de los productos por excelencia de la provincia de Córdoba. Comandada por toda una familia que se ocupa de los diversos roles del establecimiento: desde atender el salón hasta mantener los hornos ardiendo como apreciarán en las fotos, ya que un domingo pueden llegar a pasar hasta 400 personas por el lugar y deben poder responder con la contundencia que lo hacen.

La parrilla San Isidro toma prestadas algunas de las máximas del buen bodegón: porciones abundantes con sabores bien marcados, ingredientes simples pero sumamente efectivos, buena mano en la cocina y un arsenal en la parrilla y en los hornos de barro. Nada puede fallar, es un tiro a la tierra diría el gran Fontanita.

La parrilla nació hace ocho años, José empezó con su familia con un solo horno de barro pero el éxito fue inmediato, el boca a boca hizo lo suyo y hoy ya tiene 7 hornos para funcionar simultáneamente ya que la opción de chivo libre –tenedor o diente como prefiera decirle- provoca que muchas veces todos están encendidos. Además, hay parrilladas, lechones, costillares. Los contingentes que llegan los fines de semana están de parabienes porque todas las especialidades tienen la modalidad a piacere, hasta que uno diga basta.

Acá la decoración no se hace en el plato, ya que el plato no cumple la función de cuadro sino la verdadera por la que fue creado: para rebalsar con una generosa porción. De cualquier manera si uno pispea el detrás de escena de lo que se está preparando sabrá que lo espera una auténtica fiesta del fuego.  Por eso los operadores turísticos incluyen este lugar -en el almuerzo o la cena de traslasierra- en los paquetes turísticos porque saben que este asterisco, quizás el más indispensable de cada viaje de placer, ya está saldado al acudir a esta parrilla.

Comenzaron probando con diferentes condimentos, al principio no le encontraban la vuelta hasta que el toque del pimentón hacen que las coloradas también sean una atracción en sí mismas y quiénes vayan incluso sólo por ellas.

La guarnición por excelencia – casi siempre la única- son las papas al pimentón, maceradas con limón y terminadas al horno de barro. ¿Para qué más? Si es satisfacción garantizada y probablemente pasen muchos años hasta que encuentres un acompañamiento mejor que este. Comenzaron probando con diferentes condimentos, al principio no le encontraban la vuelta hasta que el toque del pimentón hacen que las coloradas también sean una atracción en sí mismas y quiénes vayan incluso sólo por ellas.  Se maceran y pimentan enteras. Si andás buscando rúcula para acompañar al chivo mejor dejala para otra ocasión. A ver, me parece que es acertada la decisión de no tener variantes porque de lo contrario te perderías la posibilidad de disfrutarlas.  

“Esto es una isla, en el pueblito de Luyaba no hay prácticamente nada, todo lo domina el paisaje“, cuenta José que disfruta de trabajar con su familia. Él comenzó con la distribución de chivos por la zona hasta que dijo que una parrilla podía dominar el pueblo. Hoy tipo 9 de la mañana prenden los hornos y aproximadamente a los cuarenta minutos entra la carne a la cocción. A las tres horas ya están listas las de la primera tanda. Un horno de barro, un producto de excelencia y la paciencia es una combinación infalible.  

Como es lógico tanto los postres como las bebidas son lo único que no incluye la modalidad libre, pero el flan y el budín merecen que uno haga el esfuerzo de dejar espacio para ellos. Como este lugar es una experiencia en sí misma hay que tomarse el tiempo para vivirla en su plenitud.  

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