LOS TALLARINES

La cátedra sigue discutiendo sobre su verdadero origen y hay numerosas leyendas en torno a eso, pero a la hora de pensar en una pasta que une todas las clases sociales: no podemos dejar de nombrar a los fideos. En realidad hay numerosas clasificaciones de la pasta larga o lunga en Italia, en Argentina son muy comunes los spaguettis y los tallarines pero también existen los fettucine, fuccile, papardelle, tagliattele, vermichelli y hasta -los finísimos y soperos- cabello de ángel.

Uno de los principales mitos es que Que Marco Polo importó los fideos de China, iniciando de este modo la cultura del alimento en Europa pero Marco Polo en sus historias ni siquiera mencionó a la muralla china y la transmisión de las mismas fueron por segundas y hasta terceras voces así que no hay certeza alguna que haya estado en china. Aunque los chinos comían fideos miles de años antes que los italianos, los suyos se elaboraban con mijo y no con trigo duro, y el cereal, por aquella época, ni siquiera se cultivaba en el país asiático, por lo tanto estamos hablando de otra cosa. La historia del alimento tal y como lo conocemos en la actualidad empieza recién en la Edad Media.

La pasta dura que engloba a los ‘spaghetti’ o fusilli’ se elabora con harina de trigo duro con un alto contenido en gluten que facilita el secado, el almacenamiento y la comercialización. ‘Maccheroni’ era el término medieval más difundido para hablar de la pasta, pero el concepto se usaba de manera arbitraria, utilizándose a veces para designar también a aquellos productos elaborados con pasta fresca.

La leyenda sobre el origen de los “spaghetti” quedó esclarecida cuando los historiadores hallaron el texto:  “Un divertimento para el hombre que anhela viajar a lugares remotos” redactado por Al-Idrisi, cartógrafo ceutí de Ruggero II de Sicilia, rey que heredó a su vez el trono del monarca cristiano que expulsó a los musulmanes de la isla. En él se menciona Trabia, un asentamiento situado a apenas unos pocos kilómetros de Palermo donde se “producen grandes cantidades de itriyya que se exportan a todas partes: a Calabria y a países musulmanes y cristianos”. a palabra “itriyya” se utilizaba para designar tiras largas y delgadas de masa seca. Con bastante certeza, se puede afirmar también que la “itriyya” que se producía en Sicilia estaba elaborada con trigo.

El mérito de los árabes fue sobre todo el de la difusión y la distribución. Antes de que el alimento llegara a Italia resulta imposible delimitar los orígenes de la pasta a un único punto concreto del espacio y el tiempo.

Uno de los principales mitos es que Que Marco Polo importó los fideos de China, iniciando de este modo la cultura del alimento en Europa pero Marco Polo en sus historias ni siquiera mencionó a la muralla china y la transmisión de las mismas fueron por segundas y hasta terceras voces

Los historiadores no han encontrado ningún indicio anterior en otra zona del planeta que hable de una producción de pasta a gran escala. Eso recién ocurrió en las ciudades del Tirreno, desde Génova hasta Palermo, donde los cocineros italianos transfomaron las primeras versiones de la pasta en “vermicelli” y “maccheroni”, y la pasta dura comenzó su inmenso detrrotero hasta nuestros días.  

A la chitarra como se hace en la región de Abruzzo en Italia, cortado a cuchillo, en máquina, como sea, cualquier versión de los tallarines siempre que sean bien caseros nos traerá gratos recuerdos.

INGREDIENTES (Para 4 personas)

-4 huevos

-400 gramos de harina aproximadamente

-1 pisca de sal

-1 pisca de huevos

PREPARACIÓN

Muchos colocan la harina en un bol y luego agregan los huevos, nosotros hacemos al revés. Rompemos los huevos, que de eso sabemos bastante, y los agregamos a un bol, los integramos bien y luego agregamos de a poco la harina. Agregamos luego la sal y la pimienta y amasamos bien hasta que quede una masa firme.

Tapamos la masa con un repasador y la dejamos descansar veinte minutos.

Luego estiramos la masa, ya sea con palo o a máquina lo más fina posible en rectángulos. Espolvoreamos con harina y la dejamos orear. Por último, cortamos los tallarines de dos milímetros de ancho o del ancho que más te guste que, en definitiva terminará de darle el nombre final al estilo que hagas.

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