Son los reyes de la temporada estival y no se conciben mates, sobre todo en el mar sin su presencia. Sin embargo, es un soberano sin corona el resto del año ya que prácticamente las panaderias prescinden de él injustamente.
La palabra churro proviene de una oveja que se la llamaba Churra. Y los españoles usaban la parte hueca de los cuernos del carnero como manga para colocar el preparado con el que hacían los churros. La palabra quizás proviene de ese vocablo español, pero el origen es sumamente confuso.

Hoy los churros se comen en todo el mundo, desde Inglaterra hasta Tailandia o Claromecó, pero existe una teoría que sostiene que su origen viene del popular “youtiao” de China, que es un plato típico para el desayuno. Es una masa frita, pero no dulce y los comerciantes portugueses lo llevaron a España donde cambiaron la sal por el azúcar y listo los churros.
Los churros nacieron en el antiguo Egipto y hay grabados encontrados en la tumba de Ramses III donde aparecen personas procesando trigo, para luego hacer una masa, enrollarla y freírla. Eso demuestra que tiene la friolera de nada más y nada menos que 3.000 años de antigüedad. Algo parecido a un churro llegó a América con la conquista, los mexicanos creyeron por años que lo habían inventado ellos pero lo cierto es que se hizo popular recién a principios del siglo XX con el arribo de un contingente de inmigrantes españoles entre quienes se encontraban panaderos profesionales que empezaron a popularizarlo.
La clave del churro y el salto de calidad que da, es el relleno. Si bien no sabemos quién tuvo esa genial idea, sin ninguna duda existen las mismas chances que haya sido tanto en España como en Argentina.
Una de los primeros lugares donde se hicieron churros en el país fue La Vieja Colonial de Córdoba Capital fundada en 1927 por la familia catalana Cuyere. Y otro dato importante: El primero que llevó el churro a la costa fue El Topo en Villa Gesell y ya en los 80 abrió Manolo en Mar del Plata, luego en Punta de Este y ahí le dio ese estatus de categoría. El problema con el churro es que sólo se mantiene rico por dos horas, después pierde la crocantez Y se pone gomoso e incomible. Asi y todo en el verano hay miles y miles de vendedores ofreciéndolo en la playa.
La clave del churro y el salto de calidad que da, es el relleno. Si bien no sabemos quién tuvo esa genial idea, sin ninguna duda existen las mismas chances que haya sido tanto en España como en Argentina.
INGREDIENTES
4 tazas de agua
4 tazas de harina
5 grs de sal
Aceite para freír
Azúcar para espolvorear
PREPARACIÓN
1.- Vertir los tazas de agua en una olla. Añadir un buen puñado de sal. Llevar la olla al fuego.
2.- Poner la harina en un bol previamente tamizada.
3.- Preparar la masa. Cuando el agua hierva, poner toda la harina de golpe y apagar el fuego. Remover hasta formar una masa. Amasar dentro de la ola y cuando ya te sea difícil, amasa sobre mesada. La masa estará muy caliente, así que si te quemas deja que se enfríe un poco.
4.- Llenar la churrera. Coloca la masa dentro y tapar la churrera. Presionar el émbolo y vas a ver que los churros salen con facilidad.
5.- Cortar los churros del tamaño que quieras. Si los cortás de un tamaño parecido quedará una bandeja más copada.
6.- Freír los churros. Poner una buena cantidad de aceite en una sartén al fuego. Poner un poco de masa y esperar a que flote así sabrás que el aceite ya está caliente. Freír los churro a fuego vivo con mucho cuidado de no quemarte. Podés ponerlos ya cortados o directamente de la churrera.
7.- Retírarlos a un plato con papel absorbente cuando ya estén doraditos por las dos caras. Espolvorea azúcar por encima sin dejar que se enfríen.