Lucio V Mansilla escribió en sus famosas memorias que remiten a su infancia y adolescencia (entre 1831 y 1847) que “cuando llovía a cántaros, no había escuela. Había una cosa muy buena: ¡amasijo! Se hacían tortas fritas y pastelitos de lo más sencillo. Nada de hojaldre. El relleno lo hacían en la cocina. La fritanga la hacíamos en el brasero del cuarto de la plancha”. Las tortas fritas fueron amas y señoras de nuestras meriendas gracias a su simpleza y a esta costumbre antiquísima de atarla a los días lluviosos. Acá la receta de mi madre: La Ali.

INGREDIENTES
½ kg de harina leudante
1 cucharadas de grasa de cerdo
½ taza de agua tibia
2 cucharaditas de sal
1 huevo
Grasa para freír
Opcional: azúcar para espolvorear

PREPARACIÓN
Formar una corona con la harina y la sal. Agregar en el centro el huevo, el agua tibia y la grasa, o manteca, derretida. Formar un bollo liso y dejar descansar por 1 hora. Armar pequeños bollitos, estirar con las manos en forma circular y realizar un corte en el centro. Freír en abundante grasa o aceite hasta dorar. Si se desea, espolvorear con azúcar


