La milanga con fritas es uno de los platos que está en el 100 por ciento de las cartas de los bodegones y restoranes de buen comer. A caballo o en chogusán también forma parte de la mesa de todos los argentinos y está en el podio de las preferencias de cualquier infante. Las hay al horno o fritas, de pescado, de berenjena, de soja y de todo lo que se ocurra. La milanesa se popularizó como tal por estos lares pero hay varios mitos que despejar.
Los viajeros lombardos de la edad medía las freían con grasa y el rebosado les permitía transportarlas y poder comerlas frías. En principio se hacía con carne ovina pero faltaba mucho para el nombre con el que la conocemos actualmente. En Milán vivió su época de oro y los austríacos tras la invasión la llevaron para sus pagos con una adaptación propia.
En 1890 Juana Gorriti publicó una versión de la receta en Argentina pero recién en la década del 20 se corrió la bola de forma más generalizada y en el `30 la ilustre Petrona C de Gandulfo la incluyo en su mítico libro de recetas como “carne panada”. Según el historiador Balmaceda, “la milanesa era la fachada para esconder carne de menor calidad ya que adentro de esa cubierta dorada y crocante, tal vez no había un contenido digno de los comensales. Por eso surgió la frase: la verdad de la milanesa que significaba que la verdad no estaba a la vista y si queríamos conocerla, debíamos mirar más allá de la superficie”.

RECETA AL DISCO:
Ingredientes para dos XL:
-Bifes de Nalga cortados longitudinalmente lo más extensos que se puedan.
-4 Huevos grandes
-Unas Ramas de perejil
-Un diente de ajo
-Dos cucharadas grandes de mostaza
-Pan Rallado a discreción
-Grasa para freír
Procedimiento:
¿Se acuerdan de la serie Martillo Hammer? No sé que tiene que ver la serie pero, tal como su nombre lo indica, hay que darle martillazos a los bifes hasta aplanarlos lo máximo que se pueda, tampoco que queden como la hoja de un papel.
En un recipiente grande, rompemos los huevos con ganas, cómo sólo nosotros sabemos hacerlo, vertimos. Picamos perejil y lo sumamos a la huevada. Picamos ajo y también atroden. Luego sumergimos en ese mar amarillo a un bife y luego a otro. Unimos dos y los hacemos siameses, los unimos en el pan rallado y les pegamos con el puño para que se unan bien, repetimos la operación por el huevo y otra vez en el pan rallado.
Mientras saboreamos un mate o el vermú prendemos el fuego y el disco se empezará a calentar. Cuando veamos que está más pulenta que cualquiera le agregamos la grasa hasta que empiece a chirriar. Y si no tenemos el oído afilado le tiramos una miga de pan y ahí nos daremos cuenta si está lo suficiente caliente como para agregar las milas, dorarlas por lado con ganas y sin apuro que nadie quiere nada rojizo. Si además nos animamos a hacer unas papas fritas mejor aún el emplatado y sino el clásico puré. Pero como son grandes a compartir y no ser angurrientos.


