Dirección: Av. Teresa M. de Ferrarini 395, La Falda (Córdoba) Teléfono: 03548 42-6434
Una familia multiplica con creces las bondades de un horno de barro, con empanadas de antología y carnes o pastas que se entrelazan y movilizan lo mejor de sí.
Si uno camina por la acera, de golpe levanta la vista y observa un cartel que dice: “comidas al horno de barro”, lo primero que hace es detenerse. Eso ocurre instintivamente, sin siquiera una orden consciente. El andar se pone en pausa cual freno de mano activado por la automática percepción de sabores. Luego comienza a recorrer con más detalle: “pollo al horno con papas para llevar”, “hoy chivito”, “carnes a la leña”, “empanadas, sandwichs, pastas caseras” que enuncian otros carteles. Ya en ese momento las papilas gustativas se encienden como una turbina de avión, pero necesitan ese combustible, esos bocados que le harán a uno recuperar la energía. Por eso a La Casona de La Falda se entra apenas uno la descubre, sin miramientos.

Hace 18 años Alicia y Arnaldo decidieron abrir un centro de distribución de los sabores, ya sea en formato restaurante como delivery. Ya tenían un horno de barrio de proporciones más reducidas en su propio patio, ya lo tenían domado y sabía como hacerlo hablar en términos gastronómicos. A partir de ese horno comenzaron a ofrecer opciones diversas de menú y tal la aceptación con el tiempo necesitaron más espacio, más hornos, más mesas, más gente. Actualmente el lugar es comandado por la segunda y tercera generación de la familia: Marcelo y Graciela (que viene de México) y los/as nietos/as Julián y Catalina Cajales.
“Nos especializamos en comidas al horno de barro y todo lo hacemos nosotros. Desde las masas de las empanadas, pizzas y tartas hasta todos los postres. Todo es de elaboración propia de verdad” nos dice Catalina. Entre las opciones más pedidas por la clientela se encuentra el vacio con papas y el chivito (obviamente ambos al horno de barro). Entre las pastas, su versión de lasaña con verduras se encuentra al podio. “También somos especialistas en empanadas al horno de barro –tenemos trece variedades-desde cheddar con verdeo y muzzarella hasta las clásicas de carne salada o chorizo colorado”, agrega la cocinera. Entre los postres el flan casero es algo descomunal, al igual que el cayote –que se cultiva en su propia huerta- con queso.
Acá en La Casona consiguen llevar sus verdades a los platos y cuando la honestidad toma posesión, los sabores se expanden en su máxima expresión.
“Buscamos destacarnos en la calidad, en que sea todo personalizado. Tratamos de cocinar con sentimiento. Nosotros no venimos a trabajar, nosotros venimos a cocinar, venimos a servir a la gente. No lo vemos como un trabajo o una obligación, nos gusta mucho estar acá. Es que nos encanta cocinar, eso de ver a la gente contenta cuando termina de comer. Eso fue lo que nos impulsó, si bien estamos alejados del centro, para adentro de la ruta, no hay nada cerca de donde estamos y todavía nos siguen eligiendo después de 18 años. Somos agradecidos de los vecinos de La Falda, los turistas, todo el tiempo tenemos gente nueva”, dice Catalina.
Esa filosofía que poseen logran aplicarla a los platos, porque en muchos lugares esas expresiones son apenas deseos o frases impuestas e insostenibles. Acá en La Casona consiguen llevar sus verdades a los platos y cuando la honestidad toma posesión, los sabores se expanden en su máxima expresión.