LA CASA DEL FRANCÉS

Dirección: Independencia 512 (Nueva Córdoba)/Teléfono: 0351 425-4258

Si tuviera que elegir un título para los portales de internet de hoy en día diría: “ser atendido en Córdoba por el mozo que sirvió a Sharon Stone”. Porque hoy se busca atrapar desde el título aunque esa no sea ni la parte esencial o sustancial de una historia. Por suerte acá vamos al hueso pero del terreno que nos importa, que es el morfi. Y en ese espectro La Casa del Francés se erige como ese bodegón que te colmará de satisfacciones entregándote más de lo que vengas acostumbrado/a.

En primer lugar, la atención. Si bien es cierto que su propietario atendió a la mismísima blonda del cine en la época de Bajos Instintos y que también a tantas otras celebrities ya que era mozo del mismísimo Festival de Cannes, lo cierto es que se especializó en el arte del servicio que hoy en gastronomía está en peligro de extinción. Para no ahondar en todas las cuestiones que modificaron la estirpe de “las buenas mozas y buenos mozos” de otrora, y entre la rapidez, la carencia de pasión y la comida rápida que empuja platos al instante, la despersonalización en la atención y la pérdida de vínculo con el cliente se hicieron una constante. Sin embargo, hay reductos donde uno vuelve a sentir el verdadero encanto de comer afuera pero siendo atendido con la calidez y deferencia de alguien que te aprecia.

Gilles Thevenet se vino a la Córdoba hace casi treinta años por un amor más fuerte que todos los borgoñas y croasán de Francia. Y cuando el amor se terminó y ya no se pudo escapar porque de la docta nadie se escapa, había construido una casa apta para todo público que la demandaba. Hace 28 años regenteaba con un socio un restaurante que se llamaba Quino, y él propuso cambiar el nombre ya que eso debía ser propiedad del famoso dibujante. Lo llamó la Vieja Casona pero nadie la junaba por ese nombre. Todo el que llamaba decía: Hola, ¿La casa del francés? O en los boca a boca se corría el reguero que en “la casa del francés” se comía muy bien. Cuando debió trasladarse al lado porque el lugar que alquilaban sería ya otra cosa, le quedó el nombre que le puso la mismísima clientela.

Susana Diaz -que lleva más de veinte en el servicio del lugar- y Laura Sosa son las laderas de Gilles en esa difícil tarea de ser anfitriones cada día. Han logrado forjar una relación con los clientes que se extiende mucho más allá del local, cuentan que les duele tantísimo cuando alguno/a fallece, al punto de asistir a los velorios o visitarlos en el cementerio, o cuando una pareja que siempre atendían se separa siempre las moviliza. Que muchos de ellos/as les dieron una mano también en la pandemia y que con solo observarles las caras cuando ingresan ya saben lo que van a pedir. Es que cuando uno entra a “La casa del Francés” seguramente ya lo sabe y no necesita ojear el menú, porque esa carta es la misma de décadas atrás.

Todo el que llamaba decía: Hola, ¿La casa del francés? O en los boca a boca se corría el reguero que en “la casa del francés” se comía muy bien.

Cuando uno ve los precios y lo compara con otros establecimientos  de gastronomía (para ir más allá de los restaurantes) uno piensa que o se olvidaron de remarcar o los otros están sobrevalorados. Muchas veces ocurren las dos cosas. Pero el Francés pese a que lo único que echa de menos de su Francia natal es la estabilidad económica y seguridad, hace malabares para tratar de no modificar los precios al compás de la vertiginosa inflación. El resto los platos salen igual que hace casi treinta años y no hay ni un minúsculo cambio en el sabor ni en el tamaño de las porciones que son lo único que importa.

Como entradas las empanadas criollas fritas son casi una obligación ($200) o la provoleta de la casa (con oliva, orégano, cebolla y morrones, $600). La tablita de la casa que tiene salame, queso, aceitunas, jamón cocido, pickles y roquefort ($1300) es otra buena previa. La tortilla de papas que es otra de las vedette del lugar ($1200).

Para los principales se divide en los siguientes ítems:  En aves la suprema a la napolitana ($1300 ) y el ¼ de pollo al roquefort o a la crema de hongos ($1200) se destacan así como en pescados el filet de merluza al roquefort ($1100) y a la romana ($1300). En pastas, con las salsas incluidas, algunas de las opciones son: ravioles con salsa de hongos ($1500), tallarines con salsa mixta (los jueves y domingos $1100), sorrentinos con salsa 4 quesos ($1800) y panzottis de ricota y rúcula con salsa de hongos $1900).

En carnes de ternera, el recontra generoso bife encebollado ($1500), entrecot a los hongos ($1950), bife de chorizo al roquefort ($2150), tira de costilla ($1750) y churrasco o milanesa a la napolitana ($1300). El matambre de cerdo ($1600) o al roquefort ($1850). Las ensaladas van de 400 a 600$ y las guarniciones como panaché de verduras o las recomendadas espinacas a la crema cuestan todas $600. En los postres si o sí hay que hacerse lugar para probar el contundente budín de pan o flan casero y helados dos bochas ($400 cada uno). Y también tienen el querido vigalante que amamos que siga en todas los menús ($500). La carta de vinos tiene también precios cuidados, por ejemplo un Malbec Portillo ($1800).

Como recomendación hay días que conviene ir con reserva previa y aunque ya cuando te hagas cliente elegirás una mesa preferida, cualquier sector del lugar te invitará mirar a su alrededor e imaginar que hay más allá de las fotos que decoran las paredes. Porque en la Casa del Francés las paredes hablan. Y ellas te dicen la verdad.

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