Av. San Martín & Calle 60, Col. Caroya, Córdoba. Teléfono: 03525 46-7031

La ciudad de Colonia Caroya es quizás la más completa del país en oferta gastronómica variada, por lo tanto nos ocuparemos de ella en más de una ocasión. En esta ocasión queremos recomendarte Fertilia que significa que “Todo lo fértil se elabora en familia”.

La Familia Tottis 
Analía Tottis
Comandada por Analía Tottis e ideada por su mamá María Elena en los inicios-más el resto de toda la prole- Fertilia es verdaderamente una experiencia superlativa para los sabores. Todo lo que se ofrece lo producen ellos mismos en diez hectáreas –lo cantidad usual en la que se repartieron las tierras entre los colonos fundadores- sembradas de huerta y frutales. Desde recoger las frutas hasta pelarlas, procesarlas y armar los dulces, o alimentar a los cerdos. “Y ese cariño se ha ido notando en los productos porque hemos transmitido de una manera muy sincera, el hecho de trabajar en familia ha sido muy fuerte, muy bonito en el desafío y lo hemos podido hacer al estar cinco personas juntas (sus padres y sus dos hermanos)”, dice Analía.
Comandada por Analía Tottis e ideada por su mamá María Elena en los inicios-más el resto de toda la prole- Fertilia es verdaderamente una experiencia superlativa para los sabores.

Inauguraron el restaurante con la brovada, una comida típica friuliana. Una receta prácticamente olvidada que se la recordaron sus tíos en una fogata de San Pedro y San Pablo que en esas tierras se conoce como Pignarull. Se hace con nabos que maceran con los hollejos de la uva desde enero hasta junio –cuando se come en esta plato en los días fríos- luego se lo ralla, se lo cocina con cebollas, pancetas, morrones, se hace como una especie de salsa, bastante picante que sirve para acompañar la polenta blanca y los codeguines. “Cuando hace mucho frío degustar una comida así nadie se la olvida”, agrega Analía.
El lugar se encuentra a 500 metros de la avenida principal –San Martín- de la colonia y adentrarse ya significa sumergirse en la zona rural, donde las vides y los frutales son parte del paisaje. Ya desde que uno desciende e ingresa la Finca reduce la velocidad con la que vive usualmente. Los fines de semana hay que reservar ya que sino la espera será larga y lo mismo ocurre en época estival porque el lugar es muy visitado por contingente de turistas, algo que seguramente volverá a ocurrir cuando la Pandemia quede atrás.

Hay restaurante y despensa donde uno luego podrá llevarse eso que lo cautivó de las cartas. Las pastas, hechas por las damas de la familia –hay 12 variedades- son una maravilla y se puede pedir la combinación de algunas de ellas para probar un poquito de todo. El nono Hermes cada tanto aparece en escena con una canzonetta italiana -a toda voz- y –cuando la pandemia lo permita- los fines de semana Marcial y su acordeón entregan los sonidos a cada almuerzo y cena. Y no faltan quienes se animan a bailarlos. Las conservas, mermeladas, quesos y salames caseros son de una calidad insuperable. La degustación de postres con el mix de frutas en almíbar: higos, zapallos, duraznos –es probable que no encuentres uno más rico- son el abrazo final de un momento único. “Tratamos de no desvirtuar nada, mantener lo original, lo genuino, como hacían nuestros nonos, para nosotros cada cliente que viene, así sea nuevo, lo tomamos como un nuevo amigo que llega, el hecho que se tomen la molestia de llegarse hasta el campo yo los recibo con mucho cariño. Cuando se van te sentís pleno de ese vínculo que se genera, a lo largo de estos años hemos cosechado muchos amigos que nos reconocen y eso es impagable”, cuenta Tottis.
Como todo lo que se ofrece es con materia prima propia, los sabores se obtienen en su máxima expresión, es de esos lugares donde uno no siente ningún apuro por degustar la comida, ya que la energía que brinda hace que se propaguen las charlas y el verdadero sabor del encuentro. “Lo común de los restaurantes es que se arma la carta previamente, acá de un modo fue un poco al revés, le fui ofreciendo distintos platos a los clientes y los que más gustaron quedaron en carta. Y después les hice lógicamente algunos agregados, pero no es sólo un restaurante es venir a visitarnos y no sólo llevarse la panza llena sino el corazón contento”, dice Analía.

A la salida se puede conocer el Museo Casa Copetti –a pocos metros del lugar- para adentrarse aún más en la huella de los antiguos friulanos. Se trata de una antigua vivienda que es símbolo de la vida de los primeros colonos que llegaron a estas tierras. Construida en 1896, actualmente se encuentra restaurada y está declarada como Monumento Histórico. Se expone ropa de época, utensillos de cocina y mobiliarios. También, conserva en su interior otras herramientas que usaban para labrar la tierra, en medio de una gran colección de objetos.
Es probable que te queden ganas de pasar más horas en esta ciudad y conocer una gran cantidad de establecimientos que valen la pena. Les proponemos hacer varios recorridos de los más destacados de ellos.









