Bv. Dante Alighieri 284, La Falda, Córdoba. Teléfono: 03548 42-3270
El arte culinario siempre nos sorprende con historias de superación y de búsqueda, donde la cocina oficia de timón para encauzar diversos destinos. ¿Qué sería de la vida de Rodo y Claudio si hubieran decidido quedarse a vivir por siempre en el coqueto barrio de Palermo, en Buenos Aires? Por supuesto que nadie tiene esa respuesta, estaríamos en el terreno de las suposiciones y sólo Marty y el Dr. Emmett Brown poseen la facultad de poder averiguarlo. Sin embargo, sabemos una cosa, si Rodo y Claudio hace más de una década no hubieran decidido hacer las valijas y mudarse, el Valle de Punilla hoy no tendría un lugar donde vale la pena sentarse y disfrutar de platos de antología.
Su historia está repleta de sabores, en el 2010 Rodo y Claudio tomaron la decisión “de buscar otra alternativa de vida”, así les surgió la posibilidad de instalarse en un pequeño Bar dentro de un complejo Termal en la Provincia de Entre Ríos. Se trataba de plantear el tablero en la comodidad de sus vidas y arrojarse a las ollas y hornallas, sin previos conocimientos de gastronomía. Como en todo viaje, siempre el destino ofrece personajes que moldean y mejoran a cualquier protagonista. A Rodo y Claudio se les cruzó La Negri, su primera cocinera (según ellos, “su madre del coure”), que les enseñó algo que no se adquiere en ningún mercado de valores y no está a la venta, nisiquiera las criptomonedas pueden adquirir. Son valores que se transfieren, se pasan de alma a alma. Quien te lo da lo hace por generosidad, por amor. Hay que corregir al comercial de la tarjeta, hay cosas –como los saberes de La Negri- que el dinero no puede comprar y “la master” tampoco.
La Negri les ensenó todos los secretos para cocinar al estilo de las grandes abuelas, “con los sabores que permanecen en la memoria de aquellos que tuvieron la bendición de haberlo experimentado con sus abuelas y en sus vidas”, cuentan los chicos. En ese lugar pasaron tres años y tras decepciones de promesas municipales locales tomaron la decisión de mudarse a un Club de la Ciudad de Córdoba pero en la práctica diaria la propuesta no era feliz para tanto esfuerzo y sacrificio. Ya con lo saberes que La Negri les transfirió, una tarde conocieron el Camino del Cuadrado y en un café de la avenida Edén de la Falda, surgió la inspiración. A dos meses de aquel café se encontraron inaugurando el primer local de El Molino.

Todo eso lo cuentan y no hace falta ni agregarle nada más. Al tercer año pasaron a un emblemático y gran local, de una trascendental esquina donde se consagraron como el lugar que valía la pena visitar en el Valle. “Llegó la pandemia y los costos del cierre al público más las políticas gubernamentales hacia la gastronomía de pueblos turísticos nos llevó a cerrar con mucho dolor pero sabiendo que teníamos otro sueño en la manga y el que increíblemente se plasmó real en un período instantáneo y llevamos el mismo proyecto a un concepto totalmente distinto pero con la misma carta y trayectoria gastronómica, ahora se llama El Molino Casa Restaurante cuya trayectoria de trabajo llegará en el mes de Septiembre a cumplir ya 8 años de permanecer en La Falda”, dicen con orgullo.
La Negri les ensenó todos los secretos para cocinar al estilo de las grandes abuelas, “con los sabores que permanecen en la memoria de aquellos que tuvieron la bendición de haberlo experimentado con sus abuelas y en sus vidas”, cuentan los chicos.
Sus clientes valoran la calidad de sus platos que conquistan hasta con los más mínimos detalles. Para ellos:“trabajar de manera directa al público permite vivir el respeto diario hacia el cliente, servir la mesa, preparar el salón, cocinar con conciencia y manteniendo de forma constante la calidad de cada plato en el día a día. Si no trabajas duro no hay resultados. Aquí no hay en lo personal veranos, navidades, cumpleaños, sábados a la noche con amigos, etc. Aquí solo hay servicio y laburo diario. La gastronomía que nosotros entendemos es aquella que se prepara en el mismo momento y que representa el compromiso y la responsabilidad de mantener el lazo del recuerdo con los clientes el que fue a través del mismo el vínculo con en el tiempo. La carta es un paseo de platos tanto del litoral-pescados de río- cortes de carnes de la pampa húmeda, pastas al estilo de los inmigrantes como también incidencia de cocina italiana y española”, expresan.
Cuando uno se dispone a visitar un lugar donde se come bien, agradece también cuando se rescatan tradiciones que generalmente nos remiten a otro tiempo. Y en El Molino son originales con ofrecer de cortesía un plato que todas las generaciones de argentinos siempre añoran: la sopa. Pero no un vasito chiquito o tipo consomé que en otros establecimientos podés encontrar, acá te obsequian mientras esperás tu pedido, nada menos que un plato de sopa. “Son esas pequeñas y grandes intuiciones que nos acompañan en la Vida y nos hacen destacarnos con el pasar del tiempo”, dicen.
Y atentis, acá les reseñamos algo que los destaca entre tantos buenos reductos. Son una de las mejores opciones para celíacos de toda la provincia. Platos caseros sin gluten que incluyen a tantas personas en el maravilloso disfrute de una salida culinaria. “Cuando se cocina sano, se utilizan los productos a conciencia y aquí hemos aprendido mUCHO de manera directa de una gran maestra en la vida llamada Cecilia Pautasso (Presidenta de la Asociación de Celíacos de Paraná) quien nos introdujo al mundo de la comida apta para celíacos y esa enseñanza de la manipulación especial de los alimentos y sus directrices específicas para dicha línea de trabajo gastronómico. Este Regalo de Cecilia nos elevó nuestro plano de conciencia, el cual lo llevamos también a otras áreas de la cocina convencional. Aquí nos llegó otra bendición en la carrera de la vida”, sostienen.
Su carta es un espejo de recetas de todo el país, desde pastas caseras (todas amasadas a mano por Rodo Puente), pescados de mar y río (desde dorados hasta pacú), mariscos, pulpo, paella valenciana, cazuela de mariscos, carnes, ensaladas y postres. Para que se den una idea de la carta de El Molino, en las entradas vas a encontrar empanadas de dorado, piadina del Garda o bruschettas serranas. En los principales, entraña al pesto con tomates asados, surubí a la mostaza antigua y verduritas sarteneadas, pulpo a la gallega con papas naturales alimonadas y pimentón Español, tallarines caseros costa mediterránea con mariscos, provenzal y tomates sarteneados; entrecote a la salsa de frutos rojos. Obviamente que en los postres vas a encontrar su versión del postre vigilante, además de mamón casero entrerriano, copa El Molino, pavlova, tiramisú de mascarpone, flan casero, budín de pan soufflé, entre otros. “Cuando nos consultan cual es la especialidad de la Casa, nosotros decimos la Carta, porque creemos que todo tiene que gustar y sorprender, es una vara alta pero sabemos que es lo que a nosotros nos gusta y nos identifica”, dicen Rodo y Claudio.
Cuando uno se dispone a visitar un lugar donde se come bien, agradece también cuando se rescatan tradiciones que generalmente nos remiten a otro tiempo. Y en El Molino son originales con ofrecer de cortesía un plato que todas las generaciones de argentinos siempre añoran: la sopa.
Siempre en los lugares donde se come bien la gente lo hace saber. Por ejemplo, hace poco Margarita cumplió sus 90 años y eligió para celebrar la vida en El Molino. O la vez que los visitó una clienta de Nueva York que les dejó un comentario que los conmovió. La mujer destacó la naturalidad que ellos como dueños cocinaban, atendían y hasta lavaban los platos: “si llevaran vuestra comida les iría muy bien en La Gran Manzana”.
Se recomienda hacer reserva previa y como en todo lugar que vale la pena repetir, recomendamos pernoctar en la Falda o en el vecino Valle Hermoso para regresar al otro día. “cuando recibís a la gente estás recibiendo la posibilidad de trabajar y ganarte la vida. Siempre es importante prepararte antes de abrir para que el ambiente del lugar y la comida vayan calentando los motores, salir al servicio es como salir a escena, todos los días va a ser distinto y no se puede vivir solo del Arte, hay que saber vivir del esfuerzo y de los buenos y malos resultados. Compartir tu trabajo con los clientes celíacos es un trabajo de satisfacción, ya que ellos no eligieron en la Vida su problema de salud y lo único que los mantiene con calidad de vida es la alimentación y su dieta.
Recibir chicos con capacidades distintas y que para ellos todo está bien te despega de algunas anécdotas y te sirven para valorar y apreciar la vida”, subrayan sobre su apreciado trabajo en un lugar de antología.









