PlaceresEncubiertos

CRABS

Dirección: Bahía Blanca 645, X5004AGG Córdoba/Teléfono: 0351 814-3198

Entre paellas, langostinos, pescados, pastas y tablas para compartir, Crabs construyó en Barrio Juniors una propuesta que lleva la cocina de mar a una esquina cordobesa sin demasiadas solemnidades. Una carta amplia, una atención que invita a volver y platos para quedarse un rato largo en la mesa. Córdoba está lejos del mar, pero hace tiempo que eso dejó de ser un impedimento para encontrar buenos platos de pescado y mariscos. Crabs Marisquería propone justamente eso: sentarse a comer cocina de mar en una ciudad mediterránea, pero sin convertir la experiencia en algo distante o reservado para una ocasión especial.

El local está en Bahía Blanca 645, esquina Arenales, y la primera impresión tiene bastante que ver con lo que sucede después en la mesa: una propuesta descontracturada, de esas en las que uno puede llegar con ganas de comer algo puntual o dejarse tentar por una carta que tiene bastante más para recorrer de lo que parece a primera vista.

La atención es uno de los puntos fuertes. Y no es un detalle menor. En tiempos en los que una buena experiencia gastronómica depende tanto de lo que llega al plato como de lo que sucede alrededor, en Crabs hay una atención cercana que hace que la comida se disfrute de otra manera. Probablemente allí también esté una de las razones por las que el lugar cosecha una calificación tan alta entre quienes lo visitan.

La paella aparece, claro. También la cazuela de mariscos, una mariscada a la crema, langostinos gratinados, pastel de mariscos y risotto de chipirones. Pero quedarse solamente con esos clásicos sería contar apenas una parte de la propuesta. Entre las entradas aparecen empanadas de trucha salmonada, vieiras gratinadas, carpaccio de trucha ahumada, rabas, provoleta con langostinos al ajillo y pinchos de langostinos empanados.

si la salida es en grupo, mejor todavía: pedir una tabla, empezar a repartir y dejar que la cena encuentre sola su propio recorrido.

Y después la carta se abre todavía más. Hay pappardelle con crema de puerro y calamar, lasagna de mariscos y tallarines negros, además de tablas de pescados y de mariscos pensadas especialmente para compartir. En los pescados también hay una búsqueda interesante: pacú a la vasca, lenguado al roquefort, ceviche tradicional, pesca del día en crema de verdeo, trucha con mejillones, abadejo campestre y trucha con corteza de sésamo, entre otras opciones.

Es justamente esa amplitud la que hace que Crabs no se sienta como un restaurante al que uno va únicamente cuando tiene ganas de comer mariscos. La carta permite entrar por distintos lugares y, sobre todo, volver. Entre los platos que probé, la lasaña de mariscos me gustó especialmente aunque la cambiaría el nombre porque la verdadera y única lasaña es de jamón y queso. Hay algo interesante en esa versión: tomar un plato reconocible y llevarlo hacia el universo de Crabs sin que pierda esa condición de comida que invita a quedarse un rato más en la mesa.

Los langostinos gratinados también tienen un lugar propio entre los platos que vale la pena pedir. Y la mariscada a la crema es de esas preparaciones que funcionan mejor cuando la idea es compartir, probar y volver al plato una y otra vez. La carta las presenta junto con la cazuela, la paella, el pastel de mariscos y el risotto de chipirones dentro de su sección dedicada específicamente a los mariscos.

Quizás una de las ideas más piolas de la propuesta sean las tablas. La de pescados y la de mariscos permiten sentarse en grupo y hacer algo que muchas veces es lo más divertido de salir a comer: pedir varias cosas, probar un poco de todo y discutir cuál fue el mejor bocado de la noche. Las dos aparecen en la carta a $44.900, pensadas como una alternativa para compartir.

En los pescados también hay una búsqueda interesante: pacú a la vasca, lenguado al roquefort, ceviche tradicional, pesca del día en crema de verdeo, trucha con mejillones, abadejo campestre y trucha con corteza de sésamo, entre otras opciones.

Crabs encuentra una de sus mejores formas de entender la gastronomía: no solamente en el plato individual, sino en esa mesa donde empiezan los “probá esto”, los tenedores que cruzan de un lado al otro y la certeza de que siempre hubiera sido mejor pedir una cosa más. La propuesta no obliga a toda la mesa a ponerse de acuerdo.

En la sección “Carnes y más” aparecen carne al horno, milanesa napolitana, costeletas de cerdo a la barbacoa, wok de vegetales y risotto de champiñones, además de un menú infantil. Es un detalle que termina de darle sentido a la idea de restaurante para compartir. Porque mientras alguien puede ir directo a una paella, otro puede elegir un pescado y otro resolver la cena con una milanesa. Todos comen juntos y nadie queda afuera de la conversación.

Incluso los postres siguen esa lógica reconocible: brownie con helado, flan con crema, peras al Malbec, natilla, tiramisú de dulce de leche y pavlova. En definitiva, Crabs termina funcionando así: como una marisquería, sí, pero también como un restaurante de barrio al que se puede llegar con distintos antojos. El mar es el protagonista, aunque la mesa admite más de una historia.

En una ciudad donde el pescado suele aparecer como una excepción frente al repertorio interminable de carnes y lomiterías, Crabs propone otra posibilidad: que una noche cualquiera pueda tener gusto a langostinos, a trucha, a mariscos gratinados o a una buena lasagna de mariscos. Y si la salida es en grupo, mejor todavía: pedir una tabla, empezar a repartir y dejar que la cena encuentre sola su propio recorrido.

Salir de la versión móvil