COMEDOR AIMARES

Carlos y Fanny tuvieron cuatro hijos varones y todos se llaman Juan: Juan Pablo (contador), Juan Marcelo (futbolista), Juan José (óptico) y Juan Carlos (barbero). Como el apellido paterno es Aimar, al igual que el ilustre enganche, una tía dijo que a su comedor le debían poner los Juanes (pero como ya estaba el cantante) o los Aimares, y así quedó. Hoy todos a pesar de sus otras profesiones dan una mano al emprendimiento fundado por Carlitos y Fanny que hicieron que la Playosa fuera una opción gastronómica en el boca a boca popular en un radio de hasta 200 kilómetros. Así como en Europa, sobre todo, hay turistas que visitan reductos y viajan especialmente para disfrutar de la gastronomía de los que figuran en la guía Michelín, con Los Aimares ocurre lo mismo con clientes de otras localidades que se suben al auto y manejan sólo para ir a cenar.

“Ser anfitrión y recibir gente es ponerle mucho empeño y mucho cariño. Llega el lunes y uno ya empieza a preparar cosas, cuando la gente llega es muy gratificante porque se prepara mucha comida entre toda la familia. Y cuando es fin de semana es la parte de más trabajo pero la más linda pero son los momentos más reconfortantes que uno tiene. Nos visitan de toda la provincia, sobre todo de la zona de Villa María, Las Varillas, Pozo del Molle. Lo increíble es que hay algunos que hacen hasta 200 kilómetros para venir a cenar acá, porque La Playosa es un pueblo chico y por ahí no hay mucho para hacer y sin embargo, vienen especialmente al comedor”, nos ratifica lo escrito Juan José.

Una de sus primeras premisas es que la gente morfe hasta que diga basta. Acá la opción de mesa de entradas, parrilla o postres funcionan con esa modalidad o bien también por plato individual.

Antes de tener su restaurante propio, pasaron mucho tiempo a cargo del buffet del Playosa Sportivo Club y son muy agradecidos con las diferentes comisiones y clientes que forjaron en ese lugar. “Es un orgullo porque no es fácil lograr lo que uno tiene hoy en día”, dice el hijo que recuerda el día que inauguraron como un momento inolvidable: “Vinieron muchos familiares, amigos, conocidos y clientes que nos acompañaron. Si uno mira para atrás y observa lo que tiene hoy es algo increíble, nunca pensamos en tener el restaurante que tenemos y la cantidad de clientes que nos acompañan”

Una de sus primeras premisas es que la gente morfe hasta que diga basta. Acá la opción de mesa de entradas, parrilla o postres funcionan con esa modalidad o bien también por plato individual. Para la mesa de entradas la gente se sirve por su cuenta todas las opciones frías que desee: lengua a la vinagreta, vitel toné, huevos rellenos, ensalada rusa, matambres arrollados, diferentes variedades de salame y hasta algunas opciones calientes. “La gente apenas se sienta y se le sirve la bebida ya puede servirse las opciones de la mesa de entradas y no tiene que esperar, con la pandemia hay algunos protocolos que hay que seguir”, explican. Por ejemplo, uno puede elegir sólo la opción de mesa de entradas, puede combinar con un plato caliente o sólo elegir cortes de parrilla libres, asimismo con los postres.

“A la parrilla los cortes de carne que servimos –costillas de vaca o de cerdo, todo tipo de matambres, pollo arrollado, brochette, vacío y hasta lechón o pescados (¿Podés creer?)- lo llevamos hasta que la gente nos dice basta. Lo mismo ocurre con la mesa de entradas o con los postres que la gente se sirve la cantidad que quiere”, cuenta orgulloso Juan José. Es que nada mejor que el cliente te diga “gracias, estoy satisfecho” y lo mismo viceversa, ya que cuántas veces le pasó a uno de ir a lugares bonitos pero las porciones eran tan minúsculas que cuando volvés a tu casa te encontrás revolviendo en la heladera a ver como calmar el bagre. Algo que no ocurrirá con los Aimares.

Por la pandemia estuvieron casi tres meses cerrado y por varios meses hicieron delivery, el comedor abrió en octubre nuevamente al público y de lunes a viernes está abierto aunque sin la opción de mesa de entradas. No hay viajante o transportista que no se haga lugar para almorzar o cenar en Los Aimares.  Y la verdá de la milanesa es que esos son lo que más saben de morfi.

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