PlaceresEncubiertos

BODEGÓN DEL SUR

Dirección: Bernardo O’Higgins 3571 (Córdoba)/ Teléfono: 0351 395-3448

Berugo Carámbula hacía un programa de juegos que se llamaba “Atrévase a soñar” y había uno en particular donde había que usar la memoria visual y reubicar casilleros con logos de marcos, cuando coincidían el conductor decía: “Alcoyana, Alcoyana” (otra marca). Tanto pegó la frase que por generaciones la usamos de múltiples formas, si te daba bola una piba era “Alcoyana, alcoyana”, como un match de Tinder. Es como que cerraba el círculo, todo coincidía de manera armoniosa. Eso ocurre en el Bodegón del Sur.

Rifle como Dios manda. Es decir, soda de sifón de vidrio (atenti muchachos que eso es un toque de distinción) y tinto de la casa en Pingüino. Sólo por eso que significa tanto para lo emocional: Alcoyana Alcoyana. Además, visualmente el chorro que penetra como cascada furiosa sobre el rojo sangre del totin, ese ruido característico que sofoca la sed y el pingüinito al lado, testigo de almuerzos y cenas con familiares que ya no están. Flecha de amor directa al corazón.

A posteriori, excelente servicio, mozos y mozas que no fingen, que sienten la profesión. Si te cobran cubiertos como en este caso bien lo vale, asimismo como una propina acorde a la atención (eso corre por vuestra cuenta y bolsillo). Y luego la carta que en cada ítem ofrece clásicos que no aparecen en las marquesinas snob, ni en pizarrones con tizas. O si aparecen vienen tan rebuscados que ni se le parecen al original. Como declaración de principios hay lengua a la vinagreta y vittel toné ($880 cada uno) todo el año, cómo debe ser, para comer esos manjares no sólo en las fiestas.

Rifle como Dios manda. Es decir, soda de sifón de vidrio (atenti muchachos que eso es un toque de distinción) y tinto de la casa en Pingüino. Sólo por eso que significa tanto para lo emocional: Alcoyana Alcoyana.

“La idea de poner un Bodegón surge con la necesidad de volver a la fuentes, este es un eslogan que tiene nuestro local y se basa en mantener los sabores que tenían nuestras madres, abuelas, etc, es destacarnos por lo tradicional manteniendo la calidad del producto”, nos cuenta Gastón su propietario.

Las pastas de las nona posta que son así y en porciones generosas, al degustarla te va parecer escuchar a la viejita querida decir “que si no comías todo no salías a jugar o que no crecías” y etceterá etcétera. Tallarines al huevo ($850),  ravioles de verdura y carne ($1300), ñoquis de papa ($990). Todos con generosa salsa a elección entre: filetto, bolognesa, crema, parisien, mixta o cuatro Quesos. “La carta se gestó en base  a platos característicos como la milanesa, suprema, pastas, carnes y pescados  y con porciones importantes como lo eran antes los restaurantes. Son abundantes para que observen nuestros clientes que en nuestro bodegón realmente venís a comer en cantidad y te retirás bien satisfecho”, explica Gastón.

“La idea de poner un Bodegón surge con la necesidad de volver a la fuentes, este es un eslogan que tiene nuestro local y se basa en mantener los sabores que tenían nuestras madres, abuelas, etc»

Las milanesas así como son ricazas son también difíciles de terminar, que alegría que suceda eso y no te quedes con hambre. Siempre siempre se agradece la abundancia y que sobre si querés comer los postres (total te la envuelven para llevar). La milanesa Fausto -fue ganadora en un certamen de la mejor de Córdoba el año pasado- lleva bife de nalga, marinado en huevo, perejil, ajo, jengibre y limón. Apanada con pan de campo rallado. Terminada con queso cremoso de primera calidad, tomates cherry confitados en aceite de oliva, romero y albahaca fresca, espolvoreada con panceta ahumada crujiente, olivas negras y provoleta en hebras ($1790). Por supuesto que hay carnes de todo tipo y pescados pero vayamos a los postres.

La pastelera que los hace y los sirve en primer lugar tiene pasión por lo que hace, se nota a la legua y eso logra transmitirlo. Y tienen mi queridos el Don Pedro, el gran postre inventado en la Argentina y que ya la mayoría de los restaurantes injustamente olvidó.  Vale mencionar que fue creado en el barrio porteño de Monserrat, en un restaurante ya existinto que se llamaba “Loprete”. Un cliente habitual llamado Pedro que -luego de morfar- ordenaba una medida de whisky acompañada con helado de crema americana.  En una de esas oportunidades, el cantinero tuvo la idea de mezclar ambos ingredientes, y en honor a ese cliente “bautizó” al postre. Acá obviamente también mantienen el queso y dulce, como debe ser en este tipo de agradables propuestas.

Nos adelantan que están por sacar pollo y matambre arrollado con ensalada rusa, papas con huevo y mayonesa (todo frío) y un bufé de chorizo relleno. Como para ir preparándose para el clima estival sin dejar de pensar en que el rifle nos dará la bienvenida a una velada cuasi perfecta.

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