Dirección: calle San Juan 109, James Craik, Córdoba/Teléfono: 0353 427-0758
A veces vamos por la vida buscando cambiar de celular, de televisor y de compañía, sólo por la prepotencia capitalista que nos empuja a desechar. Y así también nos subimos a las modas que duran un periquete o incluso vuelven como un boomerang (hasta ahora lo que nunca volvió fue el pantalón nevado), pero hay costumbres que vivimos una o dos veces al año e increíblemente no la replicamos en todo el año: la mesa navideña o de fin de año. O dicho de otro modo, comer como Dios manda.
Desde esas entradas variadas con los platos que las tías, abuelas, cuñadas, madres y sus homónimos del sexo puesto preparan con esmero y depositan en una mesa vestida bellamente para la ocasión, mientras al mismo tiempo desde la parrilla se siente el aroma al azadazo que se prepara para el segundo tiempo. Ese banquete que tan feliz nos hace y al que no le damos siquiera dimensión ni tampoco la paciencia con la que habría que degustarlo, ya que siempre más de uno llega tarde y se come a las apuradas para poder llegar al brindis de la medianoche. Pero esa juntada descomunal jamás tendrá otra chance en otro momento del año. ¿Por qué? ¿Por qué nos privamos de tan ansiados banquetes?
Si entrás a un lugar y observás una mesa que tiene: lengua a la vinagreta, vitel toné, escabeche de pollo, de verduras, mondongo, escabeche de vizcacha, torre de panqueques, brusquetas de langostinos, aletas y tentáculos de calamar en vinagreta y todo tipo de ensaladas surtidas.
Por supuesto que la gran mayoría dirá que los precios, que la carne está cara, que uno no puede juntarse a comer así y que pitos y flautas, pero vuelvo al principio, ¿Plata para comprar un celular tenés? ¿Para cambiar de coche, de camisa o ir al teatro en las vacaciones? Ahí más de uno no podrá negarlo, y de última los argentinos siempre sabemos que hay que ajustar, y bueno dejá de comprarte ropa por unos cuantos meses o achícate en gastos innecesarios, pero ¿Por qué no darte un homenaje como los de Nochebuena cualquier otro día del año? Bueno, esto te lo resuelve Parrilla Los Angelitos en James Craick donde es Navidad u Año Nuevo todo el año. Encima a precios accesibles.
Si entrás a un lugar y observás una mesa que tiene: lengua a la vinagreta, vitel toné, escabeche de pollo, de verduras, mondongo, escabeche de vizcacha, torre de panqueques, brusquetas de langostinos, aletas y tentáculos de calamar en vinagreta y todo tipo de ensaladas surtidas. ¿Qué hacés además qué tus papilas gustativas se te disparen para todos lados? Como preguntaría la Mole en Bendita, ¿Querés más?
Anotá entonces: empanadas de todo tipo (hasta de morcillas), tacos mexicanos, sándwiches de miga (incluso de pan negro), arrollados, pionono, papas a la crema, bondiola con salsa de mostaza, riñones al vino blanco, albondiguitas. Las mesas así completas están disponibles todos los viernes y sábados del año. La mesa que te nombre es diente libre y más un principal (que puede ser de asado) cuesta 700$. Para que te des una idea agregando bebida y un postre te costará aproximadamente 1100$ por cabeza pero vivirás el banquete pantagruélico que ni te cuento. Por otro lado, para que te des una idea por si querés ir sólo por el principal, además de las opciones en parrilla, una napolitana con dos huevos ($370) o la pasta con crema o boloñesa ($330) son súper abundantes en una relación precio calidad insuperable.

Leandro Goya siguió los pasos de su papá en el rubro gastronómico, tiene 34 y su padre lleva 35 de parrillero, es literal que nació entre los fuegos y los aromas. Hace poco más de una década con su esposa decidieron armar el emprendimiento propio y le pusieron el nombre en alusión a sus pequeños hijos a los que todo el mundo llamaba “los angelitos”. “Al principio era una salida laboral hasta que me di cuenta que realmente me gustaba. Hice cursos y en diciembre me recibí de chef en la Escuela Azafrán. Realmente me gusta y ver que alguien consuma en un plato todo lo que vos ponés ya eso te da el día ganado. Ser anfitrión requiere un carisma especial para saber tratar a todas las personas que vienen”, dice Leandro.

Como es habitual en localidades o pueblos no es común que haya carta impresa: “le indicamos a la gente los platos que tenemos para ofrecerle y por supuesto el precio”, cuenta Leandro. Entre los infaltables destaca el pollo arrollado con salsa de puerros, todo tipo de pastas caseras y la mencionada mesa fría. Igual hay muchos que ni siquiera preguntan cuánto sale, hay una confianza implícita y saben que no habrá sorpresas como en esos virales que aparecen de tanto en tanto de clientes damnificados por algún que otro dueño que nada tiene que ver con estos tipos de lugares. “Cuando llega la cuenta nadie se asusta, nadie pide con miedo pensando que le van a cobrar caro”, dice Leandro.
Es que en sitios como este, la confianza es mayor y total. Para lo único que uno se predispone, es para el disfrute.









