1920x500-DENGUE

EL PEPO Y LA EMPANADA MÁS GRANDE DEL MUNDO

Miramar: Peatonal y 14/ Las Pepas Mar del Plata: Alberti 1555

Al mar le han dedicado poemas, canciones, pinturas, fotografías y obras de arte de todo tipo, hasta infinitas películas han realizado con su marco imponente -no pienso en Los Bañeros más Locos ni Baywacht-  sino que ha resultado inspirador para todo tipo de manifestaciones culturales, sociales y educativas. El mar siempre es generoso, siempre da más de lo que recibe, de muestra nomás las olas que acerca a la costa y el retroceso plagado de basura. Su aporte a la gastronomía es tangible con todas las variedades que de él se extraen, pero también puede ser fuente de la creatividad culinaria sólo por contemplación.

“El mar es imponente, te pone en tu lugar y te hace sentir la presencia de Dios” dice Guillermo Flores, un cordobés de pura cepa, no ahondaré sobre el por qué de esa diferenciación con otros coterráneos, pero sí que se destaca, además de su tonada –a pesar de llevar una bocha de años lejos del hogar- por su humor, capacidad de observación e inventiva. En la Docta trabajó en algunos emprendimientos alimenticios y, en una de esas pocas fechas libres para el relax y poner las patas en remojo, salió de vacaciones a la localidad bonaerense de Miramar.

La ciudad le gustó mucho, se imaginó que descansar un poco del trajín de Córdoba Capital le vendría más que bien a la familia que estaba en ciernes. Supo, eso sí, que extrañaría ir a la cancha a ver al Racing de Nueva Italia pero salir de la zona de confort lo motivó a patear el tablero. Una tarde, igual a tantas otras estaba tomando mates observando la inmensidad del infinito, esa línea de tonos que se mimetizan donde uno percibe que se pierde en el horizonte: ¿Es azul cielo o es azul mar? Gabriel ahí sintió una sensación difusa, ¿Un deja vú o una premonición? Lo cierto es que pensó en grande, se dijo que debía inventar una empanada que sea tan grande como el mar, que fuera incluso: la más grande del mundo.

Empezó con seis variedades, los sabores clásicos y con los residentes locales que al principio lo miraban algo desconfiados: ¿Estarán infladas? ¿Qué relleno tendrán? No podían creer el tamaño de tal proeza. Para ponerla en números: Una docena de empanadas árabes pesa, antes de entrar al horno 4 kilos 200 –ya que pierde unos 300 gramos por los efectos del calor- y el resto de las variedades aproximadamente 3 kilos y medio. ¿Te imaginás lo que es eso? Pero poco a poco el boca boca se expandió y cuando llegó la temporada de verano fue la hora de la verdad. Y para darle más punchi aún, largó la promo que comprando 6 te llevas 7. Damos Fe que comen cuatro personas con esa promo, incluso al regreso del mar y con la voracidad que eso conlleva.

¿Es azul cielo o es azul mar? Gabriel ahí sintió una sensación difusa, ¿Un deja vú o una premonición? Lo cierto es que pensó en grande, se dijo que debía inventar una empanada que sea tan grande como el mar, que fuera incluso: la más grande del mundo.

Como sabemos, una familia tipo o las vacaciones gasoleras que solemos hacer los argentinos nos llevan a buscar buena relación precio calidad y es ahí cuando el invento de Gabriel se convirtió en un éxito. Esta temporada que estuvo activa justo hasta la declaración de la cuarentena, llegó a ofrecer 20 opciones y una de las variedades estrella fue la “Pepaty” que tiene en su interior una hamburguesa gigante -que también hacen ellos- muzzarella, queso cheddar y masa con semillas de sésamo. Otras de las novedades que se llevó los laureles es la de cerdo a la barbacoa. Entre nuestras preferidas están las de calamar –imaginate una empanada que pesa casi 300 gramos de esa especialidad- y las de pollo al wok. La que más se vende es la de jamón y queso seguidas por la árabe, la criolla y la de pollo. Ahora, está preparando una que será otro hit: la carbonada.  

“Nos gustaba que tuviera mucho relleno la empanada y no que pase que vos mordés y está vacía”, dice. En familia fueron probando las versiones hasta quedarse con la definitiva. En inviernos es cuando hacen la prueba de las combinaciones que ofrecerán en el verano, ahí vivirá una especie de concentración extrema, se meterá en el local por 60 días a razón de 14 y 15 horas por jornada.

¿Es azul cielo o es azul mar? Gabriel ahí sintió una sensación difusa, ¿Un deja vú o una premonición? Lo cierto es que pensó en grande, se dijo que debía inventar una empanada que sea tan grande como el mar, que fuera incluso: la más grande del mundo.

Su casa central está completamente vidriado y se encuentra en plena peatonal, en lugar de maniquíes como el resto de los locales, las empanadas dominan la escena y es curioso encontrar siempre gente con la ñata pegada frente al vidrio no pudiendo creer la enormidad culinaria. “Tratamos que la gente vea todo el proceso de cada empanada mientras espera”, dice Gabriel aunque en Miramar todos le dicen como su creación: Pepo.

 “Como verdadero descendiente de Fenicios, somos comerciantes por naturaleza” dice. En los mejores días llega a vender 250 docenas de empanadas de ese tamaño. No tiene otra opción gastronómica, no hay pizzas ni lomos ni opciones reducidas. Lo suyo es hacer la empanada más grande del mundo y dice que es un trabajo que lleva tanta concentración que exige esa exclusividad. Trabaja con su hijo en la sucursal de Miramar y la hija comanda la de Mar del Plata, pero todos los que están a su lado “son su familia ya que los empleados hace más de una década que lo acompañan”.

Pepo asegura que en sus más de 15 años nadie se quedó con hambre y no son pocos los turistas que cambiaron esa costumbre de llevar alfajores a su regreso y en cambio regalar empanadas. Si es que logran la dura tarea de no tentarse por el camino.

Otras notas: