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CULPA DE LOS DOS

Dirección: Belgrano 886 (Córdoba). Teléfono: 0351 15-265-3173

¿Se puede comprar la felicidad? O mejor dicho, ¿Se puede adquirir dosis de felicidad? Una reconocida tarjeta de crédito hizo alguna vez una campaña engañosa de marketing apuntando a eso. Por supuesto que el materialismo nos hace creer que sí es posible encontrarla en camionetas gigantes, celulares de altísima gama y objetos y objetos. Sabemos que eso es fraude, pura cháchara. Claro que vas a encontrar innumerables gurús, coachs y e incluso libros que te dirán como comprar con dinero. Hay estudios incluso que aseguran que tener acceso a mayores ingresos está asociado con experimentar menos tristeza, pero eso no significa que se esté aumentando la felicidad, ya que naturalmente son estados emocionales distintos. En fin, no quiero irme por las ramas porque acá lo que se consigue, nada más y nada menos, es ser feliz comiendo un alfajor.

El tema es que no es un alfajor cualquiera, es un señor (o señora) alfajor. Pesa la friolera de 130 a 140 gramos cada uno de dulce de leche y chocolate. Para que te vayas dando una idea, no es que las tapas son gruesísimas y después en el medio encontrás como en la mayoría de las marcas comerciales, un contenido que te deja gusto a poco. No, por supuesto que no. En los alfajores “Culpa de los dos” todo todo es relleno y según la variedad vas a encontrar el tipo de alegría. “El alfajor se divide en dos partes, la tapita de arriba y la tapita de abajo. Entre ambas partes está el alma del alfajor. Es decir, el dulce de leche. Bueno, nosotros somos el que más alma tiene”, reza un bonito cartel que hay en el local.

El tema es que no es un alfajor cualquiera, es un señor (o señora) alfajor. Pesa la friolera de 130 a 140 gramos cada uno de dulce de leche y chocolate.

La marca es una creación de la pareja que conforman Agustina Alegre y Ezequiel Beltramino, tanto en el negocio como de entre casa. Se conocieron en la gastronomía, ella era moza del histórico Dadá Mini y él era el cocinero del lugar. Siempre tuvieron atracción dulcífera y especialmente de alfajores, mientras crecía el amor la pareja cataba por placer pero sentían que a todo lo que probaban les faltaba algo. Como el alma del generoso dulce de leche, o los bon bon, oreo o kínder por ejemplo que ellos le ponen en cantidad. Entonces Ezequiel se puso a armar sus propios alfajores sólo para su intimidad, quemó un montón de recetas hasta llegar a la actual. A Agustina le parecieron geniales, extraordinarios, que debían compartirse y venderse. Ezequiel pensaba que estaba loca, le daba miedo patear el tablero pero le siguió la corriente y probaron y probaron hasta encontrar la receta justa: es decir conseguir amasar y hornear una tapa perfecta, y además cocinar un dulce de leche superador.

Se largaron al ruedo hace tres años atrás. Primero dejaron enloquecidos a todos los vecinos del edificio donde vivían y se hicieron clientes al instante. Luego se corrió la bola por su zona y más tarde con las redes sociales, con un prolijo Instagram ya no era sólo la zona de Güemes la que se fanatizaba por esos alfajores. Venían a buscarlos de todas partes y no daban abasto con los pedidos. Ya tenían carteles o en los mismos mensajes advertían que el pedido podía estar recién a la semana o a los diez días, así acostumbraron a la gente a esperarlos. Hacerse con una caja de estos alfajores pasaba a ser casi una obligación de los sibaritas.

A Agustina le parecieron geniales, extraordinarios, que debían compartirse y venderse. Ezequiel pensaba que estaba loca, le daba miedo patear el tablero pero le siguió la corriente y probaron y probaron

Agustina tuvo con su mamá un negocio de ropa en la zona que se llamó “Culpa de Tu madre”, dice que no les fue del todo bien: “le poníamos mucho amor pero el amor no es la única receta de todo, pero como el nombre ya era conocido en Güemes pensamos que podía ser el momento nuestro con Culpa de los dos”.  

Luego, la pareja tuvo a su primogénito y mientras Ezequiel se dedicaba a producirlos, Agustina vendía, incluso bajaba a entregarlos con su bebé o si era cercano en el cochecito hacía las entregas. En la Pandemia llegó el hermanito y así también la expansión de pedidos se incrementaba. Decidieron que había que dar un paso más y armar un taller más grande con local en el barrio mismo donde se habían conocido. Y lo levantaron tan lindo como los alfajores, con su estilo y su impronta. Los primeros alfajores habían nacido con una inversión de 2000$ que le habían regalado a la pareja, hoy tienen empleados, empresarios que quieren comprarle la marca u otros que le sugieren franquicias. “He visto nuestra caja de alfajores hasta en países en guerra, con gente con armas detrás”, cuenta Agus sobre esos clientes que se los llevan al exterior. “Creo que nunca nos imaginamos estar acá, sabíamos que había que hacer algo pero no teníamos la plata, era muy difícil. De hecho ahora no sabemos cómo vamos a seguir si esto tiene que crecer más, es decir, somos conscientes del paso a paso, no perder la calidad. Teníamos mucha miedo al abrir el taller de no poder mantenerlo sin embargo pudimos. Son desafíos pero muy pequeños”, agrega. Al ser consultada sobre cuál es su variedad favorita dice que todos: “es como decir a qué hermano querés más, querés a todos por igual”.

Ellos van paso a paso, meditando con tranquilidad cómo seguir, porque se propusieron hacer el alfajor más rico de Córdoba y quizás del país, y no quieren perder nada de lo obtenido en el camino. “No sé si caigo por todo lo que hicimos ni tampoco de lo que podemos hacer, lo que nos espera”, dice Ezequiel que recomienda no intentar comer sus alfajores a las apuradas, caminando por la calle porque son ideales para la tranquilidad del hogar e incluso compartirlos. Es casi indispensable cortarlos por el medio y con una mitad ya uno está satisfecho, se los aseguro.     

Hay clientes que hasta se emocionan, porque no sólo es la calidad del alfajor sino también está la buena onda de esta pareja y el amor que le pusieron al emprendimiento. Agustina aconseja: “No nos busquen cuando tienen hambre, búsquenos cuando quieran ser felices porque eso es lo que te da Culpa de los dos, ser feliz un rato”. Le sobran razones, ya sea con el de maicena, el triple alfajor, el bomba oreo, corazón Ferrero o Merengue, etc.

 “Es una felicidad que te la podés llevar en un cajita o en una bolsa”, concluye Eze. Y no falta a la verdad.

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