Julio Sala vendía churros en la Feria Franca los domingos con su señora, Ángela Noemí Sessa, pero ese día no había movimiento y deciden irse a vender churros a la puerta de la cancha de Talleres ya que había partido. De paso se llevó el almuerzo: un asado completo, chori, morcillas, costilla, todo para hacer en una parrillita improvisada. Empezó a pasar la gente y a sentir el olor y alguno se paró a preguntar: ¿Qué tenés para vender? Como buen Turco ofreció sánguches de todo lo que había a la parrilla. El primero que salió fue el chori, se vendió todo e incluso salió a comprar más. Pese a que se quedaron con hambre y sin almuerzo así nació el choripán más famoso del país. Fue hace casi 60 años.
Uno de sus hijos, Alfredo –conocido como Fredy- tomó la posta de Don Julio, igual Ángela comanda el carro lindero que le hace honor a su nombre con las papas fritas: Mamá Sala. Freedy dijo que en un momento se había cansado de vender choris, en general lo hacían cerca de la isla de los patos porque en verano vendían choripanes y en invierno churros, pero la municipalidad les sacaba todo, pero se corría el rumor que los oficializarían y acudió a desgano a una reunión a la intendencia junto a su papá. En la misma, junto al director, les consultaron dónde querían instalarse y su papá insistió con la isla de los patos pero Fredy no estaba convencido y dijo el primer sitio que le vino a la mente: la bajada del Dante. Tardaron unos días en confirmarle la disponibilidad y finalmente ese fue el lugar elegido que incluso resultaría célebre, tanto que generó un inmenso festival desde hace unos años.
En aquel entonces Freedy tenía tres hijos y un capital de 320$ que administraba su ex esposa para todo concepto. La convenció de invertir todo eso en los insumos y se le iba mal tendría que ver cómo recuperarlos. Pero desde temprano comenzó a caer gente y le empezaron a pedir, les puso precio de 2$ -aunque en todos lados costara uno- y el resto todos los cordobeses la saben. Por algo, es un punto de salida fija entre todas las clases sociales. Hasta parejas recién casadas o chicas de 15 a van a sacarse fotos arriba del carro.
A la hora que quieras comer está abierto, por eso es previa, es lugar de encuentro sentimental y también es parada obligada después del baile. Está abierto 24 horas y Sala dice que la cadena americana del payasito al observar eso, dejaron una sucursal abierta todo el día. Hubo un momento donde Freedy se corrió de la parrilla ya que empezó a sufrir algunos ataques de asma y el humo claramente no ayudaba. Ahí tomó las riendas Rita Quevedo que dejó las tareas de limpieza que hacía en la casa de su mamá y se hizo cargo de los fierros. Lleva más de veinte años y todos los clientes depositan su confianza en ella. En el carro hay también una chef y parrilleros expertos. La variedad de guarniciones es emblemática, tienen 19 variedades desde el clásico chimi hasta champiñones y hay gente que quiere que le pongan todas, aunque rebalse el pan.
“Yo amo vender choripán, amo mi trabajo, lo cuido, innovamos constantemente, le pongo leds, pantallas, es el circo, es Córdoba. Viene gente de todos lados y la verdad es que no sé por qué”, dice Freedy que agrega: “Estamos en todas las crisis porque el chori siempre es barato. Es bueno, bonito y barato. Nunca lo pensé pero formamos parte de la historia de Córdoba, el día de mañana van a decir en Córdoba había un puesto de chori que se llamaba El Dante”.













